Ucrania: del fracking del shale gas de Chevron al “fracking geopolítico” de Putin, por Jalife-Rahme

Alfredo Jalife-Rahme
Tártaros de Crimea se manifiestan frente al Parlamento en Kiev contra la invasión rusa. Foto Ap

Tártaros de Crimea se manifiestan frente al Parlamento en Kiev contra la invasión rusa. Foto Ap

El ominoso fracking (fractura hidráulica) –que practica Estados Unidos para la explotación desregulada del shale gas (esquisto/lutita/grisú)– se tornó geopolítico en Ucrania.

El fracking de Ucrania, es decir, su explotación del shale gas por Chevron y Shell, desencadenó delicados eventos en la frontera con Rusia susceptibles de desembocar en la fractura geopolítica del nuevo gobierno fondomonetarista instalado en Kiev, de acuerdo con los designios grabados de Victoria Noland, asistente del Departamento de Estado (ver Bajo la Lupa, 5 y 9/3/14).

Estrategas de Estados Unidos de proclividad superbélica sentencian sin antítesis que el talón de Aquiles de Rusia, en la era del zar geoenergético global Vlady Putin, son sus reservas energéticas: en particular, su gas natural (nota: Rusia es la primera reserva del mundo antes de Irán, Qatar y Turkmenistán), que puede ser desplazado por Estados Unidos, la supuesta nueva Arabia Saudita del siglo XXI, gracias a su tecnología controvertida del fracking.

Mucho antes del golpe fondomonetarista en Kiev –que perturbadoramente sacrificó a sus civiles por los francotiradores neonazis, según una charla filtrada entre el ministro de Relaciones Exteriores de Estonia y su homóloga de la Unión Europea (UE) –, el fallido trapecista y depuesto saltimbanqui, el presidente Yanukovich, había concretado dos polémicos acuerdos con las petroleras anglosajonas Chevron y Shell para la explotación del controvertido shale gas en Ucrania.

Lo que no entendió el cándido Yanukovich, hoy refugiado humillantemente en Rusia después de sus erráticos malabarismos –entre Estados Unidos, UE y Rusia–, es que los presidentes son desechables para las trasnacionales anglosajonas, como se ha demostrado fehacientemente desde su existencia.

The New York Times (6/11/13) cacarea el mismo mantra sobre la revolución energética encabezada por Estados Unidos: “las tecnologías del shale gas están alterando la geopolítica energética desde Rusia hasta el Medio Oriente. Tres territorios –Rusia, Irán y Qatar– detentan casi la mitad de las reservas convencionales de gas natural”.

A regañadientes, The New York Times cita el cese del fracking en Rumania por Chevron debido a las protestas locales, cuyos contestatarios, a mi juicio, no desean ser envenenados.

No faltan los ditirambos desregulados de los panegiristas del shale gas como el infatuado Christopher Helman, de la revista Forbes, quien proclama: Me encuentro en Houston, Texas, la capital energética del mundo (¡supersic!) y sentencia que “lo que Ucrania necesita es una revolución del shale gas al estilo de Estados Unidos”.

Christopher Helman diagnostica sin tapujos que el gas natural fue el origen de la crisis en Ucrania .

Tanto el líder camaral del Partido Republicano, John Boehner, como el funcionario del Departamento de Estado y anterior embajador en Ucrania (sic) y México, el cubano-estadunidense Carlos Pascual, alientan a que Obama apruebe la exportación del gas natural de Estados Unidos con el fin de requilibrar el mercado gasero global.

Condy Rice, ex asesora de Seguridad Nacional de Baby Bush y ejecutiva de Chevron –que se despachó con la cuchara grande en el “México neoliberal itamita” – exulta la abundancia de petróleo y gas de Norteamérica (¡supersic!), que empantanará la capacidad de Moscú (WP, 7/3/14).

En contrapunto, hasta Stratfor (7/3/14) admite que la fuerza de Rusia como exportador de energía no será amenazada por un aumento en las exportaciones de gas natural de Estados Unidos, limitado en su habilidad para desplegar estratégicamente sus propias exportaciones de energía con propósitos geopolíticos.

Tim Boersma, becario de la Iniciativa de Seguridad Energética de la Brookings Institution, advirtió que no existen soluciones rápidas y sencillas al dominio de energía que ha establecido Rusia en Ucrania.

Durante la aciaga etapa cleptomaniaca del defenestrado Yanukovich, Ucrania firmó un acuerdo con Shell para la exploración del shale gas en el campo de Yuzivska, en la provincia de Donetsk (de mayoría rusófila), puesta en jaque por Vlady Putin .

Shell había completado la exploración de su primer pozo en la región de Kharkiv (la parte rusófila) bajo el doble fracking: geológico y geopolítico.

La codicia de las petroleras anglosajonas no tiene límite y ExxonMobil contempla(ba) explorar las aguas profundas (sic) de la parte occidental del superestratégico Mar Negro (el yacimiento de Odessa).

Tanto las perforaciones de Shell, en la parte rusófila de Ucrania, como en el Mar Negro, han sido puestas en riesgo por el posicionamiento de Rusia en Crimea.

Pese al repudio generalizado al fracking geológico en prácticamente toda Europa, 109 días antes de la defenestración de Yanukovich por los francotiradores neonazis del Occidente fondomonetarista, Chevron firmó un acuerdo de 50 años (¡supersic!) para desarrollar la parte occidental eurófila (el bloque Oleska: pletórico en shale gas), cuya inversión total alcanzaría 10 mil millones de dólares.

¿Llevó el fracking geológico de las gaseras anglosajonas en Ucrania a su fracking geopolítico?

Yanukovich exultaba en su portal el acuerdo con Chevron –que acabó arrojándolo al basurero de la historia–, que “colmará las necesidades de gas de Ucrania (…) que exportará sus recursos energéticos en 2020”. ¡Vaya candidez!

Según BP, en 2012 Ucrania consumió cerca de 50 mil millones de metros cúbicos de gas natural, en su mayoría importado de Rusia, mientras produce 19 mil millones de metros cúbicos.

El escritor crítico Mike Whitney considera que Brzezinski dirige las estrategias de guerra desde las sombras y aduce que lo que sucede en el Cáucaso y en Ucrania tiene como objetivo el petróleo: “Todo es sobre el petróleo. Petróleo y poder. Las ambiciones imperiales de Estados Unidos son cuidadosamente marinadas en petróleo, acceso al petróleo y control del petróleo. Sin petróleo no existe imperio, ni hegemonía del dólar (…) El petróleo es la moneda del reino, la vía hacia el dominio global”, mientras Putin tiene la audacia (sic) de pensar que el petróleo en el suelo ruso pertenece a Rusia .

Con razón la prensa china asienta que actualmente Putin es el único mandatario en el mundo que se ha atrevido a detener el irredentismo petrolero de Estados Unidos.

LaJornada

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