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Nuestra III República, por Lidia Falcón

Posted in Corrupción, Estafa, Historia, III República, Opinión, Política on 14/04/2014 by athelvok

14 abr 2014

Cuando se cumplen 75 años de la derrota republicana, los partidos políticos, las asociaciones cívicas, los movimientos sociales, los sindicatos, los periodistas y los creadores de opinión deberían estar reclamando a voces la proclamación de la III República. O más bien que nos devolvieran la II que tan sangrientamente nos arrebataron. Aquella que proclamaba que era de trabajadores de todas las clases, que instituía la igualdad del hombre y la mujer, la posibilidad de federar las nacionalidades y las regiones, los beneficios sociales y el reparto de la tierra, la separación de la Iglesia y el Estado y la escuela laica.

Pero las voces se oyen poco, demasiado tímidas, demasiado vacilantes, demasiado espaciadas para que realmente se conviertan en una exigencia inmediata. Ni siquiera en estos años de hundimiento de la economía, con el avance de la pobreza y la pérdida de las pocas ventajas que habían conseguido alcanzar las clases trabajadoras, los movimientos sociales contestatarios y rebeldes toman la República como el objetivo primero a alcanzar; como el principio de la verdadera renovación no sólo de las instituciones y de las relaciones de producción, sino fundamentalmente de la moral de nuestro país. Porque los movimientos republicanos en España, desde finales del siglo XIX, tuvieron como objetivo fundamental la regeneración ética de una sociedad podrida hasta la médula, enfangada en la corrupción de una monarquía que consideraba el país como su propiedad, que era capaz de recurrir a los más sórdidos negocios con tal de enriquecerse, que traicionaba a su patria vendiendo armas a los enemigos, de la que el rey no tenía el menor pudor en ser adúltero, prostituidor, estafador y mantenedor de un orden social explotador e injusto.

En esta batalla, los mejores hombres y mujeres de nuestro país, invirtieron su trabajo, su vida, sus bienes, en difundir hasta los más recónditos sitios el mensaje republicano. Masones, ateos, librepensadores, liberales, republicanos y socialistas, puesto que los comunistas ni existían, organizaron en todas las ciudades y la mayor parte de los pueblos de España, la campaña por la República, porque sabían que únicamente regenerando la ética pública y privada, inculcando los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, que la Ilustración y la Institución Libre de Enseñanza defendían, podría lograrse una sociedad más justa, más equitativa, más culta, más pacífica. Y ganaron, sin utilizar ni armas ni amenazas, en aquel dichoso día 14 de abril de 1931. Porque tenían las armas de la razón y de la bondad.

Hoy, 14 de abril de 2014, treinta y nueve años después de la muerte del dictador, resulta patético escuchar de dirigentes de izquierda que es prematuro plantearse una España republicana. Cuando la corrupción, que mina la vida económica y civil de nuestro país, comienza en la Casa Real, es verdaderamente penoso observar cómo los que están liderando alternativas políticas a los partidos dominantes se centran en reclamar las tímidas reformas legales que, de lograrse, nos situarían nuevamente en el año 2005. Como si los anhelos de trabajadores y mujeres se hubiesen petrificado en los años felices de la burbuja inmobiliaria, y los millones de españoles empobrecidos y engañados no tuvieran más ambiciones, más motivaciones, más deseos de cambio revolucionario que poder pagar la hipoteca del piso y disponer de los médicos y las escuelas que han cerrado.

Diríase que el miedo es la pulsión más profunda de los españoles en la actualidad, olvidados los años heroicos de la Guerra Civil y la guerrilla, la resistencia antifranquista, las movilizaciones de la Transición. El poder ha conseguido que esta supuesta democracia que se alcanzó haya logrado borrar de la memoria de los más viejos y hundir en la ignorancia a los jóvenes lo que supuso la República en España.

Durante un siglo los intelectuales que clamaban por la regeneración del país, hundido en la miseria, la ignorancia y la burocracia de una monarquía corrupta, explicaron por todos los medios de difusión a su alcance que la única manera de alcanzar la democracia era tener un régimen político republicano. Porque puede haber república sin democracia, pero no puede haber democracia sin república.

Los dirigentes de izquierda parecen amordazados ante la exigencia de la República. Algunos como Zapatero y Rubalcaba se atreven incluso a defender la Monarquía como si nos halláramos en los tiempos de Cánovas. Ni el mar de banderas republicanas que se ve en las manifestaciones, ni las convicciones republicanas de las bases de los partidos, incluso algunos muy escorados a la derecha –debería explicarse que el primer Presidente de la II República, Don Niceto Alcalá Zamora era un político conservador y católico, y no por ello menos republicano– ha impulsado, no ya a los dirigentes políticos del PSOE sino ni siquiera a los de IU y otras formaciones a su izquierda, ni a los extraparlamentarios, con las iniciativas nuevas de Podemos, Equo, Partido X, y a movimientos como Plataforma Antidesahucios, a exigir el derrocamiento de la monarquía como condición imprescindible para comenzar la renovación de la sociedad española.

Los activistas de izquierda deben explicar a la ciudadanía que si la gente es expulsada de su vivienda porque el banco reclama una deuda exorbitante se debe a que la banca está protegida por la Casa Real, a la que han nutrido con miles de millones desde que se instaló en el trono. Que si la llamada pobreza energética aumenta, porque los pobres no pueden pagar el recibo de la electricidad, es porque el Rey cobra un porcentaje de todas las importaciones de petróleo, gas y electricidad, que son todas dada nuestra dependencia de las fuentes de energía extranjeras. Se debe explicar que no cambiarán las relaciones de producción, ni el reparto de la riqueza en nuestro país, mientras no se derroque una monarquía que está sostenida y amparada por los latifundistas del sur y del oeste, que desde que terminó la Guerra Civil han aumentado en un 5% más la extensión de sus propiedades. Que este rey y su familia se mantiene en el poder porque la banca, los grandes consorcios industriales, los explotadores agrarios, el BCE y la UE, con el inestimable apoyo de la OTAN y de la CIA, quieren seguir siendo los esquilmadores de nuestros trabajadores.

Resultaba realmente extravagante que las consignas de las Marchas por la Dignidad en Madrid el 22 de marzo incluyeran la dimisión de la Troika, cuyo poder tanto como su presencia física nos queda en la lejanía de Bruselas, Washington y Berlín, y no se pidiera la dimisión del rey, al que se podía acceder en pocos kilómetros hasta la Zarzuela.

Cuando en la actualidad hemos visto por primera vez en la historia de España a una infanta real declarando varias horas ante el juez para explicar el desfalco fiscal a que se ha dedicado durante muchos años; cuando, por primera vez en la historia de España, un rey ha tenido que aparecer en las pantallas de televisión para pedir perdón por comportarse como un golfo; cuando, por primera vez en la historia de España, el yerno del rey está imputado en varias causas por apropiación indebida, cohecho, tráfico de influencias. Cuando se están haciendo públicas –sin respuesta por parte de la Casa Real– las connivencias del rey con los golpistas del 23-F, no se puede entender cómo todas las organizaciones de izquierda, políticas, sociales, cívicas, no se unen en un clamor unánime por derrocar definitivamente a la monarquía que sigue siendo verdugo de su pueblo, y exigen la proclamación de la III República.

Público

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Anguita presenta el ensayo “Conversaciones sobre la III República” en un acto organizado por EUPV-IU

Posted in Estafa, Historia, III República, Opinión, Política, Sociedad on 02/12/2013 by athelvok

“Si la política organizada no le da órdenes a la economía, estamos perdidos”

Enric Llopis
Rebelión

El gran historiador marxista e hispanista francés, Pierre Vilar, tituló su libro de memorias “Pensar históricamente”. Las reflexiones de Julio Anguita, tal vez por aunar la condición de historiador y la de maestro y profesor en esta disciplina (en el instituto Blas Infante de Córdoba), sugieren esta manera de pensar “histórica”, de altos vuelos, de perspectiva panorámica y vocación pedagógica, que trasciende el anecdotario político y penetra en la esencia de los problemas de hoy. El discurso de Anguita pone el marco, fija las ideas-fuerza, rescata los grandes principios y, siempre con una acusada impronta moral, señala el camino. Roza la verdad con un lenguaje simple, en un tiempo (el actual) en el que ejercen la tiranía el marketing político y la jerigonza postmoderna.

El promotor del Frente Cívico y la periodista Carmen Reina han presentado el ensayo de 376 páginas del que son coautores, “Conversaciones sobre la III República” (Ed. El Páramo), en un acto organizado por EUPV-IU en la sede central de Comisiones Obreras del País Valencià.

Hace una década, un manifiesto publicado previo pago en el diario El País hacía un llamamiento para trabajar por la III República. En el texto se utilizó la expresión “proceso constituyente”, que después desapareció de los lenguajes antagonistas, pero que unos años después retornó con fuerza. En aquel manifiesto (en nombre de la Unidad Cívica por la República) se tenía bien clara una idea, vigente hoy, subraya Julio Anguita: “el proceso constituyente lo tiene que hacer la gente, no un conjunto de diputados” ni determinadas elites políticas.

Una cuestión previa. La distinción que realizan los especialistas en Derecho Constitucional entre la “Constitución formal” (por ejemplo, el contenido de los 169 artículos del texto constitucional de 1978 en España), y la “Constitución Material”: Las fuerzas económicas, políticas, sociales e ideológicas que permiten que se cumpla, o no, el papel. Cuando se redactó la constitución de 1978, recuerda Anguita, “intuíamos que los poderes que se ocultaban detrás podrían medrar a gusto”. Por eso, agrega el promotor del Frente Cívico, lo importante es saber “si hay un pueblo organizado y con fuerza para que la constitución republicana se cumpla”. En la Historia de España, de hecho, determinados textos como las leyes de indias se aprobaron pero nunca se hicieron efectivos.

En otras palabras, lo decisivo para Julio Anguita es que el pueblo español “obligue al poder económico a que se cumpla la constitución republicana, porque de lo contrario los textos se convierten en un pingajo; como ocurre con la constitución actual, que en el artículo 31 afirma que todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo; o que el gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos”. Eso es lo que contiene el texto formal, pero la “Constitución Material” son -subraya el coordinador general de IU entre 1989 y 2000- Emilio Botín, Francisco González, Gas Natural, Telefónica y Endesa. “Rajoy es su capataz”, remata.

“Tan importante como una nueva constitución republicana es, por tanto, un poder popular que la haga cumplir”. Porque ¿Sería válida cualquier República? El autor de “Combates de este tiempo”, “Contra la ceguera” y “A la izquierda de lo posible” (con Juan Carlos Monedero), alerta de que “cuando la monarquía no sirva a los poderes económicos, puede que nos intenten traer una republiquita bien aliñada”. Es decir, “o la III República incluye contenidos concretos y sustantivos, o el sueño republicano no tiene sentido”. Por tanto, resulta capital la movilización popular y el debate en la calle, para que las propuestas después las recojan los diputados electos. “De lo contrario, tendremos una república de derechas”, vaticina Anguita.

¿Por qué una República? El secretario general del PCE entre 1988 y 1998 y la periodista Carmen Reina dedican cuatro capítulos del libro de conversaciones a responder esta cuestión. La respuesta es, por múltiples razones: el fracaso de la transición; la crisis política, económica e ideológica sin precedentes y de la que el capitalismo no sabe cómo salir (en la década de los 50, el economista conservador Joseph Schumpeter pronosticó que el capitalismo terminaría destruido por su propio éxito, recuerda Anguita). “La crisis de este país no tiene ninguna solución”, sentencia el exportavoz parlamentario de IU. “La luz al final del túnel no es más que un autoengaño”. No se puede sobrevivir con una deuda global de 4 billones de euros y pagos diarios a los acreedores de 105 millones de euros; y con un artículo 135 de la Constitución (introducido por el PP y el PSOE) que antepone el pago de la deuda a cualquier otro objetivo de política económica.

Pero, si a la III República se la debe dotar de contenidos “concretos” y “sustantivos”, se impone responder a una segunda cuestión: ¿Qué es el republicanismo? Julio Anguita subraya que surge con la Revolución Francesa y, singularmente, con la Constitución jacobina de 1793, que a los tres principios señeros de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” agrega los derechos económicos y sociales, y la abolición de la esclavitud. El exalcalde de Córdoba se extiende en este particular: “en el republicanismo el ser humano constituye el centro, y la economía ha de someterse a las personas, no a los mercados; esta idea es, realmente, la que medirá nuestra voluntad de cambio; si la política organizada no le da órdenes a la economía, estamos perdidos”.

La tarea es ardua y el camino tortuoso. Se ha impuesto un lenguaje de derechas, que detenta la hegemonía en sentido gramsciano y que “hemos aceptado”. Afirmaciones como “la seguridad social es ruinosa” o, recuerda Julio Anguita, “ya no hay empresarios sino emprendedores”, es decir, “tener a un esclavo al que no se le paga la seguridad social pero piensa que vive en el paraíso”. A pesar de las impedimentas discursivas, el miedo, la fragmentación de ideas y movimientos, y la coacción que impone la crisis, la tarea hay que emprenderla. Y bueno es fijarse en los antecedentes. Anguita recuerda los avances que representó la I República española (1873) y, “con sus aciertos y errores”, la II República en asuntos como las reformas educativa y agraria. Si cuaja el tercer intento, la III República Federal española, ha de tener como elemento esencial la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), que establece el derecho a la seguridad social (Art. 22), al trabajo y a una remuneración equitativa y satisfactoria (Art. 23), al descanso y vacaciones periódicas pagadas (Art. 24), o a la alimentación, vestido, vivienda y asistencia médica (Art. 25). La Constitución de 1978 incorpora la Declaración de Naciones Unidas y, en consecuencia, estos principios.

Así pues, la médula, el nervio, la vértebra de la III República debería ser la democracia económica. “Si la gente no tiene qué comer, la democracia es un lujo”, resalta Anguita. “La democracia real ha de ir ligada a la transformación social; no se trata sólo de votar cada cuatro años (por eso es decisivo el referéndum vinculante)”. Pero hay otros principios que ahorman el proyecto, como la apuesta por la paz. “Hemos de hablar con valentía de la OTAN, las bases militares y un cambio en la estructura del ejército”. Según el miembro del Frente Cívico, “España no se puede embarcar en los enormes gastos de investigación y armamento que caracterizan las guerras actuales”. Hay, por tanto, que “reorientar el ejército hacia las catástrofes naturales, servicios públicos y defensa de las fronteras”. Recuerda Anguita que durante el mandato de Zapatero se gastaron 30.000 millones de euros en armamento “que no sirve para nada”.

El siguiente eje de la propuesta republicana de Julio Anquita requiere matices, sutileza argumental y finura didáctica para evitar malentendidos. La austeridad. Una idea que, según el excoordinador general de IU, “ha sido prostituida para convertirla en sinónimo de recortes; la austeridad no implica acabar con la sanidad, la educación pública ni reducir las pensiones”. Así pues, ¿en qué consiste la austeridad republicana? “Se trata de vivir decentemente y con decoro para que todos podamos vivir bien; y administrar los recursos públicos sin faraonísmo, despilfarro ni corrupción; hemos de recordar, además, que en la izquierda, antes que crecer, se trata de repartir”.

En “Conversaciones sobre la III República” Anguita defiende el modelo de estado federal por el que apostaba en su etapa al frente de IU. Siempre ha sostenido que el federalismo “no ha de basarse en la imposición, sino en el libre deseo de las partes, con un reconocimiento de la autonomía de los territorios y un amplio autogobierno para las nacionalidades”. Ahora bien, con límites: “Hay unas normas federales que no se pueden cambiar, por ejemplo, los ejes de la política económica y la cohesión social”. Porque “si cada estado impone su visión de la economía, estamos perdidos”. El exdirigente comunista también abre un profundo interrogante sobre la idea de Europa. “Ahora estamos viendo las consecuencias del Tratado de Maastricht; Europa está envejecida, sin sangre, y no puede parir nada nuevo; De hecho, quienes mandan son Merkel y Draghi; si no, ¿en qué ha quedado la Carta Social Europea?”. Por el contrario, Anguita prefiere mirar a “Iberoamérica” y hacia las iniciativas que allí nacen; o al proyecto de “Unidad Ibérica” al que también se refería Saramago.

El exalcalde de Córdoba hilvana un discurso castersiano, de arquitectura racionalista y con una estructura perfectamente definida: qué es la III República (democracia económica); cuál es el método para forjarla (un proceso constituyente) y dónde reside el sujeto del cambio: hombres y mujeres de los partidos de izquierda, sindicalistas, movimientos que luchan contra los desahucios, 15-M. Pero, zanja Anguita, “esto no es suficiente”. Y es en este punto donde encaja el último proyecto en el que se ha embarcado el exlíder de IU: el Frente Cívico “Somos Mayoría”, que emergió para dirigirse “a ese 98% de la población a la que castiga la crisis económica, muchos de ellos votantes del PP”. En efecto, “hay una mayoría silenciosa que si no sale a la calle, no ganamos esta guerra”.

¿Cuál es, en este contexto crítico, el cometido inexcusable del Frente Cívico? “Explicarle a la gente, a esa mayoría silenciosa, cómo salimos de esta situación; con toda esa gente, aspiramos a formar un poder para enfrentarnos al poder económico”. Eso sí, advierte Anguita, “sin renunciar a nuestra militancia ni filiación política, tenemos que dejar el cané a un lado”. También resulta imprescindible armarse de paciencia, pues el proyecto del Frente Cívico requiere tiempo (la imagen de Penélope tejiendo) para hacer de “pegamento humilde y eficaz” capaz de unir a la mayoría. “Conviene hablarle a la gente de problemas inmediatos y que le tocan en la vida cotidiana, como el paro, la vivienda o las pensiones”, aclara Julio Anguita.

El último de los llamados de Anguita es para los militantes y simpatizantes de colectivos, asociaciones y partidos republicanos. A ellos concierne, y mucho, el proyecto de la III República. Por esa razón, “hay que salirse del ombligo, dejar de discutir quién guarda el santo grial de las esencias de la II República, y ponerse de acuerdo”. “Esta muy bien atacar al rey, pero hay que dar un paso más y ver quiénes lo han puesto”. De lo contrario, “si el movimiento republicano no discute con el pueblo de problemas reales, no habrá III República, o peor aún, será la que promulgue el poder”. “Y esta puede ser tan terrible como lo fue el bienio negro (1934-1936)”, concluye Anguita.

Rebelion.org

Las Fuerzas Armadas ante la III República (Tú, el Último)

Posted in Corrupción, Estafa, Historia, III República, Opinión, Política, Sociedad on 20/07/2013 by athelvok

Antonio Maira

 

Parece evidente, incluso para los más desorientados por los medios de comunicación, los más fanáticos o los más lerdosi, que la Monarquía está en fase terminal.

La última excreción borbónica ha cumplido con creces las perspectivas que podían deducirse de sus antecedentes históricos generales y de su origen franquista particular; y terminará como sus predecesores: carcomida por la corrupción, su desprecio al pueblo, la mayestática presunción de perpetuidad, el progresivo regodeo en la inviolabilidad constitucional; y el fracaso definitivo de la construcción -por los partidos que han gobernado el Régimen de laTransición– de un hermoso “relato mediático” que se ha venido abajo estrepitosamente.

Del “Juan Carlos I salvador de la democracia” que cantaban los juglares bien pagados por los partidos rectores y cómplices del “cortejo constitucional” -después de un 23-F de sospechosísimo tufo monárquico-; hasta la imposibilidad de que cualquier miembro de la familia real pueda salir a la calle sin ser abucheado, han pasado más de 32 años.

Décadas de acumulación de riqueza, tráfico de influencias, creación de circuitos complejos para el enriquecimiento familiar, mediación a favor de los poderosos, amistades peligrosas tanto en el interior como en el exteriorii, derroche presupuestario, promoción de la OTAN y de las múltiples alianzas ad hoc creadas para facilitar “intervenciones humanitarias” (con decenas o centenares de miles de muertos), incitación a la guerra e, incluso, patrocinio de una especie de subimperialismo trasnacional interpretado como resurrección del Imperio españoliii en América Latina.

Mucho lastre para continuar, y mucho posible cargo judicial para dejar la Jefatura del Estado sin morir en la cama con la testa todavía coronadaiv.

La carcajada de la Historia: ¿Por qué no te vas?

El tan ignominioso y fatuo ¿Por qué no te callas? que un Borbón restaurado por el franquismo cadavérico -y encendido de vino y rosas-, dirigió coléricamente al presidente multielecto venezolano Hugo Chávez se está volviendo contra él en su “escenario natural”, el Reyno de las Españas.

El regio mandato a la América de sus antecesores –convertido en el segundo “gran momento de gloria”v del Monarca por la totalidad de los lameculos e integrados de Falsimedia, se ha convertido en la representación premonitoria de la caída de un Régimenvi. El hecho –denigrante en aquellos momentos-, tiene ahora las características de una verdadera carcajada de la Historia.

Juan Carlos I ordenaba callar a una América Latina renacida y en proceso de emancipación, para aportar su respaldo institucional y proteger al neofascista José María Aznar quien andaba de gira activista por América Latina. El expresidente trabajaba en paralelo con el Gobierno promocionando el “buen hacer” de las transnacionales españolas y no españolas, y negando la autoridad de los nuevos gobiernos populares para alterar sus contratos “leoninos”. Aznar apoyaba además la extensión al continente de los tratados de libre comercio (ALCA) apadrinados por Washington, daba cobertura exterior al intervencionismo –armado o encubierto- de EE UU; y animaba a las oligarquías dependientes a organizar golpes de estadovii de vieja o nueva factura para que los pueblos volviesen a la obediencia del Imperio y a su diseño de la globalización capitalista.

Para que la carcajada resuene ahora con más estrépito andaba por allí como máxima figura del papanatismo andante y parlante, el entonces presidente Zapatero; quien respaldó el “privilegio Real” para ordenar silencio en las Cumbres Latinoamericanas, y de paso defendió vehementemente la impunidad de Aznar como “ex presidente democrático de España” para violar todas las leyes internacionales y ofender a los gobiernos y a los “pueblos hermanos” de América Latina.

Aquella escena polifónica de la diplomacia española, terminó en una fuga en estampida del Borbónviii hacia los terrenos familiares de una “impunidad e inviolabilidad” que no reconocía nadie en aquella asamblea de dignatarios electos. En estos momentos, en el estado español, el pueblo le ha dado la vuelta a aquél desmán borbónico: de la gloria mediática e indigna del “¿Por qué no te callas?”, a la demanda a voz en grito de ¿Por qué no te vas?ix

Acalorado y dando trompicones como en la Cumbre de Chile, Juan Carlos I de Borbón está a punto de hacer las maletas y salir del país toda prisa, como su abuelo.

La defensa de la Monarquía

Buena parte de la oligarquía económica que nos gobierna está utilizando a la monarquía como amortiguador social, consciente de que Juan Carlos I será el último de los Borbones, y que la abdicación en su primogénito no evitará el desplome.

Es cuestión de tiempo y el tiempo –con la política económica de recortes, liquidación de los derechos de los trabajadores y privatizaciones-, permite un gigantesco trasvase de riqueza de las clases populares y las antiguas clases medias, ahora proletarizadas, a los sectores más poderosos de la oligarquía financiera e industrial. Enormes masas de población que constituyen buena parte de tres generaciones: jóvenes, parados de larga duración y jubilados, están siendo empobrecidas y marginadas. Se les ha negado un futuro digno. La succión de capitales hacia la pequeña cúspide de la pirámide social está terminando con el ahorro familiar y con las posibilidades de sostenimiento que tenían hasta ahora una parte de los parados. Las mujeres están sufriendo una terrible explotación.

El estado de la Transición, aún carcomido por la falta de legitimidad y por una corrupción interiorizada como “mecanismo natural” de funcionamiento del sistema, sigue siendo un magnífico negocio.

La crisis catastrófica del capitalismo globalizado, incontrolable, está actuando como una máquina de concentración de riqueza, despojo de los más débiles y crecimiento de la desigualdad, la pobreza y la marginación de generaciones enteras de la población.

La clave de bóveda del Régimen de la Transición es la Monarquía y su conexión –constitucional y de fidelidad- con las FF.AA.

Al mismo tiempo, la Monarquía es, con el conjunto de la clase política, la institución más degradada ante los ciudadanos y ciudadanas. La imagen del Rey y de su familia constituye una absoluta “vergüenza país” en el exterior y un absoluto bochorno en el interior.

La progresiva revuelta popular

La respuesta popular contra la crisis y, fundamentalmente, contra las terribles consecuencias de la misma y las políticas de los sucesivos gobiernos, ha pasado de la perplejidad y el miedo, hasta la resistencia activa.

De la ocupación de las plazas públicas y las protestas masivas en la calle, hasta los repetidos intentos de bloquear y denunciar en sus propias sedes a los distintos poderes públicos. La invasión de las sedes parlamentarias y plenos municipales, las protestas sectoriales organizadas y progresivamente conectadas (las famosas mareas); los escraches a políticos, jueces y banqueros, se han convertido en hechos cotidianos. Con ello se denuncia el expolio de lo público, la absoluta falta de humanidad de los gobernantes, su subordinación absoluta a la oligarquía económica, el enriquecimiento ilícito y escandaloso de unos y otros, las medidas legislativas impopulares, y el desprecio de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) cuando esta se produce con apoyo masivo como en el caso de las hipotecas.

En este ascenso vertiginoso de la movilización y organización populares se han bloqueado y ocupado temporalmente las entidades bancarias que han saqueado a los pequeños ahorradores, se han ocupado fincas en Andalucía y se han realizado actos simbólicos de ocupación de locales de las grandes transnacionalesx. Ha habido, por fin, actos de defensa de los barrios ante las “entradas” de la policía.

La represión

La represión del Régimen de la Transición –brutal en momentos específicos, y ante los sectores más combativos-, ha desarrollado métodos de control masivo de la población. Las detenciones arbitrarias –algunas de muy larga duración-, los cacheos y fichajes de los ciudadanos en manifestaciones y asambleas, las amenazas a los dirigentes que alimentan las movilizaciones, las enormes multas, predicen la preparación de mecanismos de represión masivos si el movimiento popular sigue avanzando en organización, movilización y determinación en las protestas.

El Gobierno del PP, con la mínima presión o con la colaboración expresa del otro pie del bipartidismo, el PSOE, está activando, desde los ministerios del Interior y de Justicia, una verdadera estructura represiva: cambios en el Código Penal con agravación de condenas, cumplimiento del máximo legal de las mismas, procedimientos para activar la “condena perpetua revisable”, desactivación de los procedimientos de recurso ante las sentencias consideradas arbitrarias por el elevado coste de las mismas, cambio en la estructura del Poder Judicial, limitación drástica en el ejercicio de la “acción popular”.

En lo que se refiere a la impunidad en casos de brutalidad policial extrema, desproporcionada y arbitraria, la policía mantiene el secreto sobre los agentes implicados y sobre las “sanciones” recibidas. A pesar de las posibilidades tecnológicas para la vigilancia de los espacios abiertos y cerrados tampoco se aplican los métodos recomendados por las organizaciones de dd.hh. para garantizar a los ciudadanos contra el uso de la tortura.

La crisis política y el proceso constituyente

La característica principal del Régimen político es su absoluta rigidez constitucional.

En una monarquía parlamentaria, sin elecciones a la Jefatura del estado, con un sistema invariable de partidos (vinculados a la banca y a sectores muy poderosos de la oligarquía), una ley electoral que prima a las listas más votadas, sin más participación ciudadana que el hecho de votar, y con un sistema mediático a su servicio, es muy difícil encontrar los mecanismos de ruptura que permitan el inicio de un proceso constituyente. Sin embargo, no es, ni mucho menos, imposible.

Las dos primeras Republicas llegaron de manera poco previsible. La II República a través de unas “intrascendentes” elecciones municipales. El sistema constitucional en cuanto a la estructura general de poder era muy similar al nuestro.

La Constitución española es extremadamente rígida, de casi imposible transformación si no es con el “consenso” previo de los dos grandes partidos que se turnan en el gobierno.

La oligarquía económica ha hecho sin embargo un dramático y completo cambio constitucional al establecer como norma de ese rango el “equilibrio presupuestario” lo cual ha pulverizado todo el conjunto de derechos declarados en la constitución, y cuestionado todo el sistema de servicios y de propiedad pública.

El pueblo español –despreciado por el Régimen oligárquico de la Transición– no ha sido consultado. Ha sido un verdadero golpe de estado institucional.

El Eje de resistencia del Estado de la Transición

Es tal la potencia, la extensión, y la persistencia de las protestas populares, y tan abrumadoras las previsiones en relación con evolución de la crisis como factor de exclusión social y del crecimiento del sufrimiento humano, que el consorcio Gobierno-Oposición se está apoyando en las instituciones y en su cuerpo legal para garantizar la supervivencia del Régimen.

Las luchas sociales van, sin embargo, en aumento. También crece la conciencia colectiva, de pertenencia a las clases explotadas que hacen converger las luchas de los trabajadores, de los sectores medios precarizados y, especialmente de los trabajadores jóvenes de distinta cualificación.

Cada vez más las movilizaciones sociales levantan la bandera de la República. Cada vez más la exigencia de un “proceso constituyente” se plantea como el inicio de la solución a los problemas de este país, que no puede provenir de los responsables del desastre económico, de la corrupción, de la más absoluta degeneración de la democracia, y de la construcción y articulación de un poder económico-político de carácter absoluto y despótico.

El Régimen resistirá apoyado en los recursos institucionales y represivos de su estado.

La gran pregunta de las organizaciones sociales y políticas emergentes, de los sectores en lucha, de los que pretenden un mundo nuevo, es: ¿cuál va a ser el papel de las FF.AA y Fuerzas de Seguridad del Estado en la defensa de un Régimen de esta naturaleza?

Durante los últimos meses se han hecho públicas diversas manifestaciones militares que plantean la fidelidad al Rey, Jefe Supremo de las FF.AA, y el papel “propio” que a las órdenes de la Corona, les ha reservado la Constitución.

Alguno de ellos ha manifestado la existencia de un “patriotismo militar” que está por encima de cualquier Constitución y, por supuesto, de cualquier reclamo de soberanía popularxi. Otra vez, en la medida en que se desarrollan los conflictos sociales, los militares hacen ruido de sables en defensa de “su sistema de valores”, distinto y superior a los del pueblo. Ante un necesario cambio de Régimen algunos mandos han iniciado su “guerra preventiva” particular tratando de aterrorizar a la población. La “disuasión” es el primer escalón, tal como han aprendido de los manuales estratégicos y de su práctica intervencionista en la conformación del Régimen vigente.

Desde la posición de los militares que nos sentimos parte del pueblo en el que reside la soberanía, se plantea pues, en primer lugar y de manera urgente, la necesidad de neutralizar esa posibilidad de intervención militar cuando la revuelta popular resulte irresistible.

Las Fuerzas Armadas ¿con el pueblo o contra el pueblo? Ésa es la cuestión como lo fue hace exactamente 77 años.

Cádiz 17 de julio de 2013

Antonio Maira. Capitán de Fragata jubilado. Analista político en medios alternativos.

Contacto:  viejomarinero86@ono.com

Notas:

i El País –por ejemplo- combina cal y arena de manera casi estrambótica. Hace pocos días presentaba una de sus secciones especiales sobre el tema de la Constitución, bajo el título de “regeneración” –como si estuviésemos en una situación similar a la de 1898. El “periódico global en español” promovía la “reforma constitucional” cuyo estudio está realizando el Instituto de Estudios Políticos y Constitucionales con la conformidad del PP y del PSOE. La batuta del equipo regeneracionista que trabaja en ese viejo centro franquista es manejada por su presidente Benigno Pendás García, miembro del primero de esos partidos y del instrumento político de Aznar: la FAES.

En estos momentos, una parte importante del núcleo central del bipartito PP-PSOE y, desde luego, la derecha neofascista del PP, después de evaluar la posibilidad de abdicación o de sucesión forzada entre bastidores, en la persona de Felipe de Borbón, está “haciendo méritos” para situarse, si es preciso y a su debido tiempo, dentro de una III República que la movilización y creciente rebelión de las grandes mayorías populares hacen inevitable. “El Borbón borboneado” podría ser el título del próximo e inmediato capítulo bufo de nuestra historia.

ii https://www.youtube.com/watch?v=uNpHgO8icWQ

iii En realidad, un imperialismo de segundo orden subordinado a los Estados Unidos.

iv Como hace meses le exigía –casi como insoslayable obligación dinástica-, la muy “sabida” Sofía de Grecia, consorte de mucha experiencia familiar en regímenes neofascistas derribados y referéndums que señalaban el exilio imperativo para monarquías antipopulares. Sofía sabe que no hay término medio: resistir o resistir: su primogénito, Felipe, que comparte abucheos con el resto de la familia, no podrá aguantar la embestida en estos momentos en los que el rechazo de la monarquía crece vertiginosamente.

v El primero fue, como ya he dicho, la “historia oficial” del 23-F.

vi https://www.youtube.com/watch?v=Q8LjERqsXhM

vii Es muy conocida la intervención directa de Aznar en el golpe del 11 de abril de 2011, así como su apoyo a los “golpes institucionales” de Honduras y Paraguay.

viii https://www.youtube.com/watch?v=lSpYhpekNaE

ix https://www.youtube.com/watch?v=quf8AjhX0gs

x El SAT en Andalucía ha “recuperado” algunas fincas de grandes terratenientes –u ocupadas por el Ejército para sus “yeguadas”-, que habían sido entregadas a los jornaleros por la reforma agraria de la II República y devueltas a sus “propietarios” tras el golpe militar fascista del 18 de julio de 1936.

xi http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167107

Fuente: http://www.insurgente.org/index.php/mas-noticias/ultimas-noticias/item/6378-las-fuerzas-armadas-ante-la-iii-rep%C3%BAblica-t%C3%BA-el-%C3%BAltimo

Julio Anguita: “Hay condiciones para una revolución”

Posted in Corrupción, Estafa, III República, Opinión, Política, Sociedad, UE on 13/07/2013 by athelvok

 

‘Conversaciones sobre la III República’. El nuevo título de Julio Anguita y Carmen Reina no esconde su contenido. Ni lo pretende. El excoordinador de IU llegó ayer a Gijón de la mano de la editorial El Páramo para presentar el libro con el que lanza un claro mensaje de cambio a la sociedad. Una sociedad, anima, que ha de hacerse con el control de los acontecimientos.

-Recala en Asturias para hablar de república. Y lo hace con un libro.

-Es un libro de dos autores, que recoge una propuesta muy concreta de tercera república. Creemos que el momento de pasear la bandera republicana y hablar de ella de manera inconcreta -o refiriéndose siempre a la segunda- ya ha pasado. Es la hora de presentar una propuesta concreta. En el libro, los autores explicamos los motivos que nos llevan a hacer la propuesta y hablamos, por ejemplo, de la austeridad inherente a la república -muy diferente a la defendida por el gobierno, porque república no significa vivir mal-, del estado federal o de la importancia de Iberoamérica, mayor que la de Europa.

-Hace poco se formó un gran revuelo cuando dijo que habría que meter al Rey en un tren y ponerle en la frontera.

-No fue exactamente así: me preguntaron y contesté, pero siempre existe cierta tentación por parte de los medios… No quiero hablar del Rey. Lo que siempre he dicho es que vamos a construir república y, una vez construida, a este señor se le mete en un tren y punto. A mi no me preocupa el monarca, sino el proyecto de república. A eso me refería.

-Tras el ‘caso Nóos’, ¿cuál sería una salida digna para la Monarquía?

-Dignidad y Monarquía son dos conceptos que en la historia de España siempre han sido antitéticos.

-La situación económica del país es mala, pero usted dice que será aún peor.

-No lo digo yo, lo dicen los datos. Me reúno con economistas, con gente que sabe más que yo, porque creo que es lo que un político debe de hacer. Ya lo advertimos cuando entramos en la moneda única y, ahora, esto no va a mejor, va a peor.

-Entonces, ¿insta a la sociedad a hacer frente al actual poder político?

-Soy miembro de un partido político pero, tal y como está la situación, ningún partido puede resolver esto. Éste es un problema de la sociedad, que tiene que auto organizarse. La sociedad está dividida, tiene valores contrapuestos, pero hay que buscar un denominador común en esa mayoría, alcanzar un programa con unos puntos concretos y la voluntad de erigirse en un contrapoder.

-¿Cree que estamos ante uno esos caldos de cultivo que preceden a los grandes acontecimientos?

-Caldos de cultivo hay muchos, el problema es que cuajen o no. En la Historia aparecen sólo los que cuajan. Algún día habrá que escribir las revoluciones que no fueron porque, en realidad, son muchas más que las que triunfaron. Habrá que esperar… Pero, desde luego, condiciones hay.

-¿Piensa aún que la única salida a la crisis pasa por abandonar el euro?

-Absolutamente. Hay que tener bien claro que los que hemos firmado ese manifiesto (que apuesta por la salida de la moneda única) advertimos de que va a ser duro, aunque no tanto como esto. Con un 57% de paro juvenil, peor que esto no va a ser. Desde nuestro punto de vista, salir del euro es la única salida y esperamos, también, que se nos unan otros países, sobre todo, del sur de Europa. En algún sitio tiene que empezar y, estando en el euro, salida no hay ninguna. Me baso en lo que indican los estudios desde hace años y en las propias palabras de Felipe González, que el año pasado confesó sus errores en un artículo.

-Y en ese marco, la corrupción se vuelve protagonista. ¿Qué ha ocurrido?

-La corrupción ha existido durante toda la Transición. Existió también en el franquismo, pero no salía en la prensa. España es un país fundamentalmente corrupto, desde la época de la Restauración con Fernando VII. No es un país que haya vivido una revolución cívica: es un país de viejas estructuras enquistadas, donde el poder ha sido siempre su criado. Lo que ocurre ahora responde a una forma de ser, de estar, que parte de la población ya ve sin escandalizarse. Si la gente de un país sigue votando a ladrones, la cosa está mal.

-¿Pero hay hacia dónde mirar?

-¡Claro que sí! Hacia aquí, por ejemplo. Me podrán acusar de muchas cosas, pero de eso no. ¡Claro que hay a quien mirar! Cuando se dice que todos los políticos son iguales, no es más que una forma de justificar nuestra propia concupiscencia. Los políticos somos hijos de nuestro pueblo, somos como el resto de la sociedad. ¿Quién no ha escuchado en un chigre «yo, si pudiera, haría lo mismo»? Pero creo que, cuando llegamos ahí, tenemos la responsabilidad de cambiar de actitud, para que pueblo vea que se puede seguir otro camino.

-¿Qué le parecen los líos de Bárcenas y las acusaciones de financiación irregular al PP?

-No suelo hablar mucho del tema. Éste es un señor que tendrá que justificar su fortuna y que sabe muchas cosas. Detrás de él, están ni más ni menos que todos los cohechos que ha podido haber… ¡Pero eso es algo habitual!

-¿Se está desviando la atención de los desahucios a los escraches?

-Es una cuestión de fariseísmo social. Nadie protestó por el escrache del cobrador del frac, pero cuando alguien va ante un político se habla de los pobres niños que lo sufren. Es de una hipocresía tremenda. Lo mejor es no hacer ni caso y seguir haciéndolos.

-El PCA organiza la presentación de su libro. ¿Cree que puede reconducirse la situación con IU?

-Confieso mi ignorancia sobre la situación, no es que quiera escurrir el bulto… Pero sí sé que hace falta un gran replanteamiento de toda la izquierda o de todos los que se consideran como tal. Hace falta sentarse para hablar, no de lo inmediato, sino de qué significa ser de izquierdas. Es un debate que quise lanzar y fracasé. Si los compañeros se sentasen para plantearse por qué somos de izquierdas, podría tomarse una vía de encuentro.

Fuente: http://www.insurgente.org/index.php/template/politica/item/6278-julio-anguita-hay-condiciones-para-una-revoluci%C3%B3n

PITA, ABUCHEA Y EXPRESA LO QUE SIENTES

Posted in Estafa, III República, Política on 01/07/2013 by athelvok

Consignas y proclamas para hacer visible la corrupción general e institucional – PITA, ABUCHEA Y EXPRESA LO QUE SIENTES

Nota del administrador: ¡A por la III República Social del Pueblo! ¡PITA, ABUCHEA Y EXPRESA LO QUE SIENTES!

Consignas y proclamas para
hacer visible la corrupción
general e institucional…

No actúes como estos cobardes, ruines y necios monos
que no quieren ni oír, ni ver, ni denunciar…

Para la entrada nº 100: Transición vs. República(s)

Posted in III República, Opinión, Política, Sociedad on 02/05/2013 by athelvok
Jaime Pastor . Profesor de Ciencia Política en la UNED y redactor en ‘Viento Sur’
17/04/13 · 16:36

Si algo es ya reconocido desde los más diversos sectores de opinión es la constatación de que hemos entrado en una crisis de régimen que afecta a muchos de sus pilares fundamen­tales y, entre ellos, a la mo­narquía. Los escándalos de corrupción y de parasitismo en la “Casa Real” son sin duda el factor precipitante de este descrédito, pero no hay que olvidar el rechazo que ha ido encontrando Juan Carlos I por su papel activo en la defensa de la “unidad de España” y de las políticas ‘austeritarias’. Hasta el CIS sigue sin atreverse a preguntar sobre el rey desde el suspenso que obtuvo en octubre de 2011.

Caben esperanzas en que el inicio del proceso sucesorio abra la caja de Pandora de la crisis de este régimenAsí que, por fin, ese tabú que nos impusieron con el mitificado ‘consenso’ de la Transición y la leyenda inventada en torno al 23F se está rompiendo entre las gentes de izquierda y, sobre todo, entre las nuevas generaciones, menos socializadas en la nefasta “Cultura de la Tran­sición”. Pero no nos engañemos: esa crisis afecta más al ‘juancarlismo’ que a la institución como tal y, por tanto, todavía existe un margen para que los cortesanos del IBEX 35, con Botín a la cabeza, y los partidos dinásticos intenten una “segunda transición” que, apoyándose en el príncipe, permita emprender una nueva operación lampedusiana. Por no hablar de la extrema derecha –en creciente desmarque frente a la cúpula del PP y un líder cada vez más ‘tocados’ por el síndrome Bárcenas–, dispuesta ahora a explotar el malestar social ante la crisis en un sentido xenófobo, demagógicamente eurofóbico e incluso republicano.

Afortunadamente, el nuevo ciclo de luchas abierto el 15M de 2011 con las protestas y mareas contra los recortes de todo tipo, junto con el de­safío soberanista catalán al nacionalismo constitucional español, no van a facilitar que ese proyecto ‘felipista’ pueda desarrollarse en frío. Caben esperanzas razonadas en que el simple inicio del proceso sucesorio abra la caja de Pandora de la profunda crisis de este régimen y, con ella, la oportunidad de ir configurando una mayoría social republicana no sólo contra ese proyecto sino también frente a los que puedan venir de la extrema derecha o de UPyD. Espere­mos que les sea difícil encontrar los tiempos y el ‘consenso’ necesario para hacer la “revolución pasiva” que pretenden unos o los ‘mons­truos’ con que nos amenazan otros.

Idea fuerza

Empero, no debemos ignorar que para desbaratar esos planes y avanzar en un proceso destituyente de la monarquía y del régimen no basta con declararse antimonárquicos. Tene­mos por delante la tarea de ir resignificando el republicanismo como idea fuerza asociada a una democratización radical de la política y, por tanto, estrechamente unida a la defensa de la soberanía de los pueblos y en confrontación, junto a los pueblos del sur de Europa, con los dictados de la troika.

Para ello no vendría mal recuperar y actualizar lo mejor de la tradición del republicanismo popular que se fue forjando desde mediados del siglo XIX, aquél que no sólo rechazaba el origen absolutista de la monarquía, sino que iba acompañado de la impugnación de la propiedad privada, la lucha por la laicidad del Estado y el rechazo a las “quintas”. Porque ahora, en medio de la peor crisis del capitalismo y del régimen actual, no basta con impedir la continuidad de una monarquía heredada del Franquismo: tenemos que ir construyendo un poderoso y plural bloque social. Un bloque que exija el respeto al derecho a decidir –incluida la independencia– de pueblos como el catalán, el vasco y el gallego y, con ellos, el de todos los pueblos para decidir sobre la forma de Estado, el pago de la deuda, las privatizaciones o los recortes. En suma, una nueva democracia basada en la autogestión de los comunes. En ese camino, propuestas que aspiren a responder a esas aspiraciones, como la aparecida recientemente en Catalunya a favor de “una candidatura unitaria que tenga como objetivo la convocatoria de la Asamblea constituyente que necesitamos para hacer una Cons­titución nueva para la República catalana”, podrían ayudar a demostrar que, como en la lucha contra los desahucios, “sí se puede” avanzar hacia un horizonte rupturista y republicano.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/transicion-vs-republicas.html

Vasos Comunicantes

De cómo unas cosas tienen relación con otras.