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“Guerra económica” del G-7 vs. BRICS: Putin compra oro, por Alfredo Jalife-Rahme

Posted in Alfredo Jalife-Rahme, Asia, BRICS, China, Economía, EEUU, Europa, Geopolítica, Occidente, Opinión, OTAN, Rusia, Ucrania, UE on 23/11/2014 by athelvok

 

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El premier japonés, Shinzo Abe, durante una conferencia de prensa el viernes pasado en Tokio. Foto Reuters

La “guerra multidimensional entre el alicaído G-7 y el ascendente bloque de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) prosigue su ineluctable curso en sus diversos rubros, salvo, hasta ahora, el militar/nuclear en forma directa.

A partir de las severas sanciones del G-7/OTAN/Unión Europea (UE) contra Rusia, a consecuencia del conflicto de la martirizada Ucrania, se ha agudizado la guerra económica, de la que ahora se expresa sin tapujos el presidente ruso, Vlady Putin, y que se puede sintetizar con el siguiente marcador deportivo: se dañan mutuamente Moscú y Bruselas y salen beneficiados Pekín (plenamente: mediante la abrupta caída del petróleo) y Washington (hasta cierto punto: mediante la devaluación del euro y las otras divisas del BRICS).

Vlady Putin fulminó que EU no quiere humillar a Rusia, sino subyugarla cuando nadie a lo largo de la historia ha logrado hacerlo ni lo logrará, para luego arremeter contra el abuso del término valores europeos cuando la democracia no es el derecho al golpe de Estado y al genocidio (http://goo.gl/l7hprS).

Más finamente, asistimos a una variante de una brutal guerra financiera mediante di­visas, metales preciosos (oro) y materias primas (el petróleo) entre el G-7 y el BRICS.

La guerra de divisas la ha acentuado Japón y su delirante abenomics –experimento fallido del pugnaz premier Shinzo Abe, quien sumió a su país en su enésima recesión y ha devaluado artificialmente al yen, para lastimar a China (y, de paso, a Sudcorea)–, mientras el dumping del precio del oro negro lo apuntalan los yihadistas, quienes lo venden a 20 dólares el barril en el mercado negro, muy bien controlado por los rivales del BRICS.

Se puede propiciar un punto de inflexión aparatoso sobre el devenir del oro cuando Suiza celebre un referendo por el Partido del Pueblo Suizo para conservar 20 por ciento de sus reservas internacionales.

En caso de un resultado favorable, el Banco Nacional Suizo será forzado a emprender pletóricas compras de oro en el mercado, lo cual subiría el valor de las reservas de Rusia, cuando las de EU se encuentran en tela de juicio sobre su existencia real, como ha propalado Ron Paul, feroz y veraz representante texano del Partido Republicano y padre de Rand, jefe del ala del Partido del Té.

El escenario de un voto positivo, según Leonid Bershidsky –muy crítico de Rusia a quien fustiga de paranoide–, ayudaría a Moscú a sortear las sanciones y el brutal declive del precio del petróleo.

En espera del crucial voto suizo, Rusia atesora a pasos acelerados su tenencia en oro y al tercer trimestre de este año había ya agregado 55 toneladas: casi 60 por ciento de las compras netas de oro por los bancos centrales, según el Consejo Mundial del Oro.

Las reservas oficiales de oro de Rusia –quinto lugar global detrás de EU (si es que todavía las posee, mientras no se auditen públicamente), Alemania (que pidió su repatriación de las bóvedas de la Reserva Federal que se las entregará a cuenta gotas de aquí a siete años), Francia e Italia– han superado las de China y constituyen más de 10 por ciento de sus reservas totales.

Bloomberg, portavoz de los intereses de Wall Street, se mofa del voto caprichoso del fin de noviembre a solicitud del Partido del Pueblo Suizo y sobredimensiona una encuesta sobre su esperado rechazo, al que se suman el gobierno de Suiza y su banco central de corte monetarista (http://goo.gl/dl4T2X).

¿Por qué Vlady Putin compra oro en forma masiva?

¿Para contrarrestar las sanciones presentes y por venir de EU/OTAN/EU?

¿Se trata de una guerra financiera, como parte consustancial de la guerra multidimensional en curso, para definir uno de los pilares fundacionales del incipiente nuevo orden multipolar?

¿Es posible que la Reserva Federal y el banco central de Japón, dos miembros poderosos del G-7, impriman alegre y antigravitatoriamente billetes de dólares y yenes sin afectar el valor intrínseco de sus divisas que hoy cotizan entre sí en relación inversamente proporcional?

Sergei Glazyev, conspicuo ase­sor económico del presidente ruso, se ha caracterizado por in­sistir, a partir del mundo post-Crimea, en la soberanía financiera cuando todas las divisas convertibles de facto –incluyendo el peso mexicano– se encuentran bajo el control unipolar del dólar estadunidense: uno de sus principales atributos de poder global.

Los metales preciosos también se encuentran bajo la férula del binomio bursátil anglosajón Wall Street/La City (Londres), en espera de la emancipación multipolar del otro embriónico binomio bursátil Hong Kong/Shanghai, que también atenderá los arbitrajes de oro que incrementaría su cotización conforme se intensifique la confrontación militar y política entre EU y Rusia –por extensión del G-7/OTAN/UE versus BRICS/Grupo de Shanghai/Unión Euroasiática– hasta que alguien venza de los dos bloques o se acuerde un acomodamiento multipolar del nuevo orden mundial que incluya a las divisas relevantes.

A juicio de Glazyev, quien naturalmente no contempla la derrota del oso ruso en su feroz confrontación, EU no tendrá más remedio que rechazar el pago de su deuda, lo cual afectará la confianza en el dólar y significará el fin de su imperio financiero cuando las divisas nacionales –que no divisas nacionalistas– recuperen su poder perdido para participar en la edificación de un nuevo orden financiero global.

Los críticos anglosajones de Glazyev aducen que hasta ahora se ha equivocado rotundamente cuando el oro ha declinado 16 por ciento, pese a las compras masivas de metal amarillo por Rusia.

Moscú adopta la misma política de China que compra cuando se desploman tanto el oro como el petróleo.

Según el portal Future Money Trends, citado por Russia Today, la tendencia se carga cada vez más en favor del oro y en detrimento de las divisas fiduciarias tipo dólar (http://goo.gl/Rld520).

Lucy Cormac, del Sydney Morning Herald, asevera que detrás de la política de compra de oro por Putin puede estar la anticipación a una posible guerra económica con Occidente(http://goo.gl/75jBmz).

Russia Today cita a algunos blogueros económicos que sospechan que la compra masiva del metal amarillo sería de una “conspiración financiera, en el marco de la cual Rusia cobraría en oro y no en dólares por el petróleo (http://goo.gl/oUVt6R)”.

The Economist (22/11/14) –con The Financial Times, perteneciente al Grupo Pearson que controla BlackRock, el mayor banco de inversiones del mundo–, cual su costumbre contumazmente desinformativa, se va a la yugular de las finanzas del oso ruso, a quien diagnostica herido letalmente.

La batalla por el control del alma ucraniana entre EU/OTAN/UE y Rusia ha resucitado la añeja colisión frontal entre el oro (artificialmente devaluado) y el dólar (paradójicamente ­revaluado).

¿Quién triunfará?

¿Se solucionará con una guerra nuclear o con una dolorosa cuan creativa negociación?

Lo cierto es que no existe marcha atrás.

LaJornada

Estados Unidos: Acomodamiento con China; colisión con Rusia, por Alfredo Jalife-Rahme

Posted in Alfredo Jalife-Rahme, Asia, BRICS, China, Economía, EEUU, Europa, Geopolítica, Occidente, Opinión, Rusia, Ucrania, UE on 16/11/2014 by athelvok

 

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El president Barack Obama, un paso atrás del mandatario chino Xi Jinping, arriba a la reunión del G-20 en Brisbane, Australia. Foto Ap

Se fractura Eurasia, inmenso territorio que se extiende de Europa hasta Asia, de casi 53 millones de kilómetros cuadrados –más de la tercera parte de la tierra firme del planeta– y donde habitan 66 por ciento de los habitantes terráqueos.

En la parte oriental de Eurasia se gesta un reacomodo entre China y Estados Unidos –superpotencia extra-eurasiática–, mientras que en su parte occidental –desde el Mar Negro/Medio-Oriente hasta el Atlántico Norte, y que quizá incluya su apéndice geopolítico del Golfo de México, donde empiezan a sobrevolar los bombarderos nucleares rusos– se intensifica la ominosa colisión entre Estados Unidos y Rusia, que rememora la guerra fría geopolíticamente bipolar y climáticamente polar por su focalización en el Ártico.

Estados Unidos parece preferir los casi 9.6 milllones de kilómetros cuadrados y los más de mil 300 millones de habitantes de China a los poco más de 17 millones de kilómetros cuadrados y 142.5 millones de habitantes de Rusia –a la cual el vice-presidente Joe Biden vaticinó su muerte demográfica.

Estados Unidos se obstina, con su etéreo G-2, exclusivo para China, y desecha un G-3 con Rusia en la fase dramática de “15 días de ajustes (http://goo.gl/KrGG92 y http://goo.gl/wgbbx5)”.

El hawaiano Obama, educado en su adolescencia en Indonesia, implementa un elusivo G-2 regional que no se atreve a pronunciar su nombre en la zona Asia/Pacífico, mientras alienta la balcanización de Europa (fuck Europe, Victoria Nuland, asistente del Departamento de Estado, dixit) a expensas de la martirizada Ucrania con el fin de impedir el acercamiento de Alemania tanto con Rusia como con China y, de paso, fracturar el eje virtual Berlín-Moscú-Pekín como nuevo centro de gravedad de la geoestratégia del siglo 21 (http://goo.gl/G0Jq4B).

No pudo ser más ilustrativo el trayecto de las transcendentales cumbres de los 15 días de ajustes desde China –Cumbre APEC– pasando por Myanmar (la antigua Birmania/Burma) –Cumbres del Este de Asia y de Estados Unidos/ASEAN– hasta Australia, feudo de la anglósfera –Cumbre del G-20.

China, hoy la primera superpotencia geoeconómica global, que acaba de desplazar a Estados Unidos del primer sitial, dispone de 4 millones de millones de dólares en reservas de divisas, de las que carece Estados Unidos, y que puede invertir generosamente con sus vecinos del ASEAN (10 Naciones del Sudeste Asiático).

Según Shanghái Daily, China ofreció 20 mil millones de dólares en préstamos a los 10 países del ASEAN (http://goo.gl/g0z0mI). Hoy las bombas nucleares son bombas geoeconómicas.

En la APEC, el mandarín Xi brilló intensamente en su reacomodo con Estados Unidos (sumado atrás por la anglósfera), donde coincidieron en el acuerdo histórico sobre el cambio climático que entierra de facto el Protocolo de Kyoto –firmado por Clinton, pero sin ser aprobado por el Congreso de Estados Unidos por su elevado costo– y da pie al cronograma Lima/París en el lapso de un año.

En las dos cumbres de Myanmar, Estados Unidos no obtuvo los resultados deseados y su barómetro lo representan las imprecaciones estadunidenses sobre el lento avance de las reformas democráticas de su anfitrión. Léase: Myanmar desea sostener relaciones cordiales con Estados Unidos, pero no a expensas de su vecino terrestre, China, ni de su otro vecino marítimo, India.

Más allá de los ditirambos de la prensa anglosajona sobre el triunfo descolgado por Obama en la APEC –que prácticamente dan a entender el asentamiento del condominio de un G-2 secreto–, siguen fluyendo diversas interpretaciones como la oficial de Alemania, de la Deutsche Welle (DW), y la propia de los chinos.

Según Frank Sieren, columnista de DW, los países asiáticos se reafirman en la APEC y la más importante lección es que de ahora en adelante los asiáticos desean resolver sus problemas por si mismos sin la ayuda de Occidente (http://goo.gl/dO61oM).

Los símbolos pesan: el mandarín Xi colocó a su derecha a Vlady Putin en la foto oficial de la Cumbre de la APEC, mientras el presidente ruso se excedía en caballerosidad para abrigar con su saco a la influyente esposa del presidente chino.

Obama fue colocado a la izquierda a cuatro lugares distantes del mandarín Xi que situó al presidente indonesio dos lugares antes.

Sieren comenta que los estadunidenses tienen sentimientos encontrados sobre el acercamiento de Japón y China cuando acercarse a China también significa alejarse de Washington. Señala que también Sudcorea, otro supuesto aliado de Estados Unidos, se ha acercado a relaciones más cálidas con Pekín.

Agrega un comentario rudo: en la cumbre de la APEC de 21 países, Estados Unidos no ocupa más el centro del escenario, ni aún en la foto oficial cuando Estados Unidos no es más el indiscutible centro de poder mundial.

A su juicio, los 21 países de la APEC acordaron la propuesta china de un Acuerdo de Libre Comercio del Pacífico y rechazaron la de Estados Unidos (Nota: el polémico TPP) que excluye a Rusia y China.

El lanzamiento por China del Banco de Inversiones de Infraestructura de Asia (AIIB, por sus siglas en inglés), con un capital inicial de 50 mil millones de dólares, hace a los países asiáticos menos dependientes de Occidente.

A los militares de Estados Unidos no les gustó el ascenso irresistible de China en la Cumbre de la APEC. El general retirado Wesley Clark y anterior Comandante Supremo de la OTAN, en un artículo para el NYT, refirió que la política de diálogo constructivo de Estados Unidos con China ha fracasado y que ya era tiempo de ser realistas al respecto (http://goo.gl/oaiSU7).

Global Times, rotativo oficioso de China que le sigue dando vuelo a los BRICS, afirma que “Washington ya no puede hacer más reglas por sí solo (http://goo.gl/owfc2p)”.

El rotativo chino responde tangencialmente a un artículo del general Dennis C. Blair, anterior jefe del Comando del Pacífico de Estados Unidos, quien aduce que un acuerdo TPP establecerá el liderazgo de Estados Unidos y Japón en la región Asia/Pacífico (http://goo.gl/wPjZjB).

Pues resultó que el espectacular acercamiento de Japón a China parece haber dejado a los militares de Estados Unidos colgados de la brocha.

El feroz comentarista Pepe Escobar aduce que las elites de Washington/Wall Street no tienen absolutamente la intención de permitir un mínimo de multipolaridad y lo que queda es el caos –lo cual aborda en su reciente libro Imperio del caos” (http://goo.gl/BJHJHJ).

A juicio de Escobar, Rusia tiene la carta triunfadora por ser un poder euroasiático cuando opera el nacimiento del siglo euroasiático.

Al inicio de la cumbre del G-20 en Brisbane, la anglósfera (Gran Bretaña/Canadá/Australia), con Estados Unidos, linchó retóricamente a Putin, quien ha sido anatemizado por la prensa anglosajona que propala su fuga precipitada después de haber sido supuestamente regañado por Occidente (sic) (http://goo.gl/MIyJMc), como si tres países de la anglósfera, sumados de Estados Unidos y hasta de los dubitativos europeos –que serían un total de 8 de los 20– constituyera la aplastante mayoría.

En espera de resultados de la sobre-extendida, cuan desenfocada agenda del G-20, Australia –con su poco diplomático primer ministro (http://goo.gl/xGedMR)– abusa de su anfitrionía para fracturar a Eurasia y empujarla a una nueva guerra fría: error fatal de Occidente, según el nonagenario Kissinger (http://goo.gl/qbNEk9), lo cual es mucho decir.

LaJornada

Quince días de ajuste del nuevo orden multipolar del G-3: EU/Rusia/China, por Alfredo Jalife-Rahme

Posted in Alfredo Jalife-Rahme, BRICS, China, Economía, EEUU, Geopolítica, Irán, Occidente, Opinión, OTAN, Rusia on 10/11/2014 by athelvok

 

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El presidente estadunidense, Barack Obama, durante un encuentro con periodistas, ayer en el salón Roosevelt de la Casa Blanca. Foto Reuters

Pocas veces se escenifican cumbres y reuniones trascendentales en un corto plazo de tan sólo 15 días, como el presente lapso del 10/11 de noviembre –Cumbre del Foro Económico Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) en Pekín– pasando del 15/16 –G-20 en Brisbane (Australia)– hasta la fecha límite del 24 sobre la negociación del contencioso nuclear iraní con el P5+1 –los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania.

No faltarán analistas que agreguen la reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) del 27 de noviembre, la cual, a mi juicio, exhibirá las consecuencias del ajuste y/o acomodamiento del nuevo orden multipolar geoestratégico entre las tres superpotencias: Estados Unidos (EU), Rusia y China –un tímido G-3 que no se atreve a pronunciar su nombre.

Tras haberse injuriado en público con todos los epítetos habidos y por haber de la guerra sicológica entre Occidente y Rusia, ahora en la Cumbre del G-20 podrán reunirse los presidentes Putin y Obama (http://goo.gl/uM8IRy) para desmarcar sus respectivas esferas de influencia antes de aventurarse a una guerra nuclear que aseguraría su destrucción mutua y que dejaría como gran vencedor a China.

La oficiosa guerra multidimensional incluye el choque en los frentes de Ucrania y el Medio Oriente –donde EU hubo presuntamente plantado con los yihadistas la semilla desestabilizadora contra Rusia, China e India, tres miembros nucleares prominentes del BRICS (http://goo.gl/OQ0FG2)– las sanciones a Rusia, el desplome orquestado del precio del petróleo y otras materias primas, la guerra de divisas, etcétera.

Como consecuencia de la disolución del bloque soviético, se supone que los cancilleres de EU y la ex URSS, el texano James Baker III y el georgiano Eduard Shevardnadze, habían delimitado las respectivas zonas de influencia, con la gravísima salvedad de que el compromiso fue oral y sin rúbrica notarizada, lo cual permitió la expansión vertiginosa de los dos brazos irredentistas de EU hasta las fronteras del corazón ruso traumatizado: la OTAN y la Unión Europea.

Un entendimiento implícito sin firma de por medio –que aprovechó estupendamente EU al haberse valido de la ingenuidad rusa en la etapa post-Andropov y pre-Putin– ha sido la causa de la disputa por el alma de Ucrania cuando Vlady Putin intenta regresar en la medida de lo posible al statu quo ante la doble humillación de Gorbachov y Yeltsin, lo cual se desprende de su histórica filípica contra EU en el Club Valdai (http://goo.gl/GkNSbY), que consideré, no como una amenaza, sino como su última exhortación para reconfigurar el nuevo orden multipolar, que por necesidad es ya tripolar entre EU/Rusia/China y que podría asentar sus reales en los 15 trascendentales días desde Pekín pasando por Brisbane hasta Teherán, en caso de que los actores históricos no deseen declarar oficialmente el estallido de la tercera guerra mundial que sería termonuclear.

Pese a que el presidente Obama fue literalmente ultrajado, como era de esperarse, por el Partido Republicano en las elecciones intermedias, sigue siendo el presidente de EU, una superpotencia en declive que intenta imponer aún su agenda global hasta que sea detenido por los únicos dos países que lo pueden impedir: Rusia y China.

Si los conflictos en Europa y Ucrania alejaron a Rusia y a EU, la probable resolución del contencioso iraní los puede acercar, como filtra NYT (http://goo.gl/U8VPti) sobre la inminente aceptación por Teherán para transportar la mayor parte de su pletórico almacenamiento de uranio a Rusia que convertiría el uranio a cilindros de combustible especializados para la planta eléctrica nuclear de Bushehr, el único reactor comercial de Irán.

No todo es rosa y las negociaciones trianguladas de EU-Irán-Rusia son muy complejas porque los actores son también de mentalidad compleja cuando la partida geoestratégica que se juega es muy cerrada.

El veterano ex diplomático indio M. K. Bhadrakumar considera que Obama con su probable arreglo con Irán, gracias a la intermediación de Rusia, puede descolgar un magnífico lugar en la historia diplomática de EU (http://goo.gl/U3NiVG).

Desde Teherán, pasando por Pekín (Cumbre APEC) hasta Brisbane (Cumbre G-20) asistimos a una disminución de las tensiones entre Rusia y EU, ulterior al paroxismo del mundo post-Crimea, pese a las recriminaciones mutuas.

Dejando atrás el delirio del analista Keith Ablow, quien reclama una Yihad estadunidense para imponer su cosmogonía al resto del mundo (http://goo.gl/7EpwZd), la réplica al histórico ultimátum de Putin la dio el general Martin Dempsey (http://goo.gl/1a3jFl) durante un acto con los veteranos del ejército, donde comentó que Rusia empuja los límites del orden internacional.

El general Dempsey reconoce implícitamente que Rusia busca el orden mundial perdido en Ucrania, pero se le escapa que Putin no piensa ser el clon ni el clown, como lo fueron sus antecesores frente a EU.

Dempsey considera que Putin y Rusia expresan un sentimiento de victimización tras el colapso del imperio soviético que fue enarbolado por el soliloquio (sic) antioccidental que duró literalmente casi tres horas, en referencia a la histórica filípica de Putin. A su juicio, Rusia está creando una situación inestable, con una forma de encender el fuego del nacionalismo, advirtiendo que una vez que se enciende ese fuego, no es controlable, concluyendo que se encontraba preocupado sobre Europa que ha sido muy complaciente con su seguridad. Fuck Europe again?

El secretario del Pentágono, Chuck Hagel (http://goo.gl/3nQ1Di), diagnosticó que se vive la transición de tiempos históricos definitorios de un nuevo orden en construcción (¡supersic!) tanto después de la Segunda Guerra Mundial como a la implosión de la URSS, por lo que instó a acostumbrarse a una guerra sin fin (¡supersic!). ¿No será que el gran problema de EU es su reajuste y/o acomodamiento al nuevo orden mundial multipolar geoestratégico del G-3?

Antes de iniciar la cumbre del APEC en Pekín, en forma espectacular, China y Japón acordaron expandir su diálogo y dejar de lado los tambores de la guerra (http://goo.gl/yCnJsF), lo cual alienta al ajuste geoestratégico en curso, donde se están definiendo las respectivas áreas de influencia del G-3 en gestación.

La agenda de Obama lo conduce a las cumbres del APEC y el G-20, pero también a otras dos cumbres regionales en Birmania, donde se escenificarán la del Este de Asia y la otra de EU con el bloque de 10 países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).

Según la rusa Daria Chernyshova (http://goo.gl/1jPDqL), las reuniones en la Cumbre del APEC contribuyen a definir la nueva geopolítica, donde destacan tres binomios: 1) China/Japón, 2) Rusia/Japón y 3) Rusia/China (¡Noveno encuentro de Putin y Xi en menos de dos años!). A mi juicio, le faltó otra reunión transcendental: la de Obama y Xi.

La cumbre del APEC de 21 miembros en Pekín –que se celebrará en un hotel circular de arquitectura acrobática que simboliza al sol naciente– posicionará a China como una de las tres superpotencias geoestratégicas indispensables del siglo XXI, con EU y Rusia.

LaJornada

Brasil: triunfo del “lulismo” y el BRICS; derrota del neoliberalismo y la Alianza del Pacífico, por Alfredo Jalife-Rahme

Posted in Alfredo Jalife-Rahme, BRICS, Economía, EEUU, Geopolítica, Latinoamérica, Occidente, Opinión, Política on 29/10/2014 by athelvok

 

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Lula y Dilma, felices tras el triunfo en la segunda vuelta de la elección presidencial. Foto Notimex

Los resultados electorales son geopolíticos. Cuando Calderón, vasallo de Estados Unidos, triunfó con 0.56 por ciento, los multimedia israelí-anglosajones festejaron porque correspondía a la secuencia de Norteamérica (http://goo.gl/78b3Zv).

Hoy que Dilma Rousseff vence con 3.3 por ciento, como vaticiné (http://goo.gl/ho3hdr), los mismos multimedia y sus controladores despotrican: bajan la bolsa de Sao Paulo, vapulean la divisa real y fomentan la balcanización entre el norte de los pobres y el sur de los ricos, como Fernando Henrique Cardoso (http://goo.gl/wrxuoc).

Si un voto de más es democracia pura, ergo, 3.3 por ciento es un abismo, si no se practican las dos pesas y dos medidas de los intereses geopolíticos israelí-anglosajones.

Los propagandistas Financial Times y The Economist –del Grupo Pearson, propiedad del mayor banco de inversiones del mundo, BlackRock, que dirige el israelí-estadunidense Larry Fink (http://goo.gl/qAfns7)–, hicieron el ridículo apostando primero a Marina Silva –que emergió en circunstancias anómalas– y luego al cardosista Aécio Neves, el “ playboy de los mercados” y favorito de los banqueiros (los vilipendiados banksters de Brasil): Lula dixit (http://goo.gl/rJUzAe).

Por encima del “México neoliberal itamita” –beneficiado por la interesada cobertura multimediática israelí-anglosajona, quien por su esfuerzo recibió el regalo de los hidrocarburos del Golfo de México–, la democracia brasileña con todo y sus imperfecciones es infinitamente superior: cuenta con una segunda vuelta y un voto electrónico de resultado inmediato.

El futuro de Brasil está centrado en la próxima atracción del 21 por ciento de abstencionistas –ultrajados con justa razón–, que serán el fiel de la balanza para sopesar los alcances de la ineludible reforma política y los cambios apremiantes.

Nixon solía decir que Latinoamérica sería lo que realizara Brasil, gigante hoy de 200 millones de habitantes que tardó en despegar debido a la dictadura militar impuesta por la doctrina Monroe –hoy de capa caída en la mayor parte de Sudamérica–: quinto territorio global, séptimo lugar de reservas de divisas y séptima potencia geoeconómica que desplazó a dos potencias coloniales, Francia (octavo lugar) y Gran Bretaña (décimo lugar).

Pesó en el resultado la fidelidad de los 40 millones de otrora pobres que llegaron a la consumista clase media gracias a la Bolsa Familia del lulismo –socialdemocracia de libre mercado que apostó a la grandeza independentista mediante magnos proyectos geopolíticos/geoeconómicos: BRICS, Unasur, Mercosur–, que vence por cuarta ocasión consecutiva al salvaje cardosismo neoliberal controlado por la plutocracia bancaria de Sao Paulo y que hubiera seguido el pernicioso neopeñismo: entrega de los pletóricos yacimientos del Atlántico sur y adopción de la estadunidense Alianza del Pacifico, apéndice de la Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), hostil a China, no se diga a Rusia.

Dejo de lado el pernicioso papel de los oligopólicos multimedia encabezados por O Globo, la Televisa sudamericana, que ejerció su usual terrorismo desinformativo –al unísono de encuestadoras lubricadas que se equivocaron en la primera y la segunda vueltas– que distorsionó la equidad democrática plural.

Desde Brasil hasta México –las dos principales potencias de América Latina– irrumpe el reclamo de la imperativa equidad democrática de la propiedad plural de los multimedia, lo cual descuidó el gobernante Partido del Trabajo brasileño.

Más allá de los simplismos lineales binarios, en medio de la hipercomplejidad no lineal, destaca un análisis de Pepe Escobar (http://goo.gl/34Ps8q) sobre la derrota del neoliberalismo cardosista: con Neves, el ministro de Finanzas de Brasil hubiera sido Arminio Fraga, mañoso (sic) operador de fondos de alto riesgo para George Soros (¡supersic!) en los mercados emergentes y también anterior presidente del Banco Central de Brasil. ¡Se salvó Brasil!

Un gobierno neoliberal de la dupla Fraga/Neves hubiera representado un gobierno tras bambalinas del megaespeculador George Soros en Brasil, como lo fue el tóxico gobierno foxiano.

Destacados investigadores han señalado que el perverso George Soros es el hombre de paja de los banqueros esclavistas Rothschild y quien financia las revoluciones de colores en Europa oriental y Rusia.

Pepe Escobar desnuda al cardosista Fraga: proverbial depredador de Wall Street y con quien JP Morgan hubiera controlado la política macroeconómica de Brasil, lo cual había sido ya negociado con el anterior presidente Fernando Henrique Cardoso, quien se había reunido el mes pasado con los máximos inversionistas globales a través de JP Morgan en Nueva York. But of course and curse!

El cardosista Fraga, polichinela de los Rothschild/Soros, estaba entusiasta en destruir la apuesta de la demanda hiperkeynesiana de Lula y Rousseff para sustituirla con la oferta a través de un nuevo choque capitalista cuando estaba en juego la captura de los ingresos futuros del petróleo Pre-Sal, a juicio del economista Theotonio dos Santos (citado por Pepe Escobar).

Resaltan los dos proyectos energéticos diametralmente opuestos de las riquezas petroleras de América Latina: el “México neoliberal itamita” que sepulta a Pemex para que sobreviva la banca israelí-anglosajona de Wall Street y la City (http://goo.gl/jm07M3), frente a Petrobras –sin duda, plagada de corrupción, que urge fumigar– que invertirá 221 mil millones de dólares hasta 2018 y será lucrativa aun al precio de 45 dólares el barril.

El “México neoliberal itamita” es absorbido a la integración de Norteamérica, pero sin mexicanos, mientras que Petrobras constituye uno de los puntales de la integración de la Unasur y el fortalecimiento del BRICS.

The New York Times (http://goo.gl/5W33QJ) ha sido relativamente más indulgente que la ferocidad desinformativa de Gran Bretaña. El Financial Times (http://goo.gl/kBXXFS) llega hasta a dictar la línea de cinco puntos a conveniencia de los intereses de los banqueiros, vinculados a la dupla Rothschild/Soros, y que desde ahora colocan sobre la cabeza del gobierno de Dilma la espada de Damocles de la degradación de la deuda por las descalificadas calificadoras anglosajonas.

La amenaza de terrorismo financiero de la City en Londres es obscena: en caso de que Dilma no instale a un nuevo ministro de Finanzas bendecido por el neoliberalismo global, los mercados (sic) financieros la obligarán (sic) a realizar los ajustes cuando el Congreso está fragmentado (http://goo.gl/9yfeqP). Resalta la vulnerabilidad financierista de Brasil.

La desinformación anglosajona no tiene límites y ubica al índice Bovespa como uno de los peores desempeños en el mundo: a niveles de Chipre, Kazajstán y Ucrania (http://goo.gl/N98mBB). ¡Clásico castigo financierista anglosajón!

En la era de la desinformación lo que para los multimedia israelí-anglosajones no fue división con el triunfo de 0.56 por ciento de su aliado ultraneoliberal Calderón, el 3.3 por ciento de diferencia (¡seis veces más!) en Brasil es abultado como prueba de ser un país fracturado.

¿Estados Unidos y Gran Bretaña preparan ya la balcanización de Brasil en su guerra global contra el BRICS (http://goo.gl/oFqfSn)?

LaJornada

“Cómo manejar a China” según el general Wesley Clark, ex comandante de la OTAN, por Alfredo Jalife-Rahme

Posted in Alfredo Jalife-Rahme, BRICS, China, Economía, EEUU, Geopolítica, Opinión, OTAN, Rusia on 15/10/2014 by athelvok

 

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Vista de una enlatadora china en Huangyan, de la provincia de Zhejiang. Foto Ap

El general retirado Wesley Clark, que brilló en la fase clintoniana y su guerra en los Balcanes, acudió al Consejo del Atlántico –muy generoso en obsequiar preseas insustentables a su aliados del Tercer Mundo– a delinear una estrategia para el crecimiento de Estados Unidos y su liderazgo global, basado en su libro No esperar a la siguiente (sic) guerra.

El portal del Consejo del Atlántico elogia al anterior comandante supremo de la OTAN como pensador estratégico excepcional cuando Estados Unidos se desinfla de una década de guerra y se encuentra una vez más de nuevo (sic) en el precipicio (sic) de un nuevo conflicto prolongado (sic).

El general Wesley Clark, autor del libro Ganar las guerras modernas y librar las guerras modernas, se hizo famoso por haber estado a punto de desatar la tercera guerra mundial en Kosovo contra Rusia y por su premonitorio vaticinio sobre los siete estados fallidos, coincidentemente islámicos.

Aborda en su ensayo Cómo manejar (sic) a China cuando su severa supresión de la disensión política desde Hong Kong a Xinjiang, y sus íntimos lazos con Rusia, Irán y Norcorea, han finalmente puesto en reposo el sueño de varios líderes occidentales desde la década de los 90.

Juzga que lo contrario ocurrió: China es más confidente, segura y cerrada y 35 años después de que Deng Xiaoping liberó la economía, el Partido Comunista usa la prosperidad materialista y la ideología nacionalista para mantener su legitimidad frente a las tensiones sociales apremiantes.

Aduce que la política exterior de China se basa en un egoísmo calculado, a expensas de las instituciones internacionales, parámetros y obligaciones que Estados Unidos ha buscado encabezar. Peor aún: China ve a Estados Unidos como un rival y adversario potencial.

Hasta aquí Wesley Clark carece de autocrítica y resalta su desprecio a Rusia para la edificación del nuevo orden mundial. ¿Acabar con Rusia antes, para luego guerrear con China?

Expone su diagnóstico cronológico desde la década de los 70 hasta 2013.

En la década de los 70, Pekín buscó una asociación estratégica con Washington para disuadir la percibida amenaza soviética.

Al final de los 80 los chinos estaban especialmente impresionados con la proeza de Estados Unidos en la guerra del golfo Pérsico de 1991, mientras China construyó su fuerza tecnológica, industrial y agrícola colocando en segundo término su modernización militar.

A finales de 2005, la admiración (sic) de China por Estados Unidos fue tal que un joven y bien conectado líder del PC le comentó: China desea ser el mejor amigo de Estados Unidos para que nos den el liderazgo del mundo, como lo hizo Gran Bretaña con Estados Unidos. ¡Qué ingenuidad!

El punto de inflexión se gestó con la crisis financiera de 2008: aunque todavía respetuosa del poder militar de Estados Unidos, China empezó a ver a (ese país) como un sistema fallido, con una economía endeudada y un gobierno disfuncional, vulnerable para ser sustituido como el líder mundial. ¿A poco no es cierto?

Devela que en 2011, un muy bien ubicado socio (sic) chino le comentó que China intentaba dominar el Mar del Sur de China y que los rivales regionales como Vietnam se inclinarían a sus ambiciones o les aplicarían una lección (sic) y que si Estados Unidos interfería, los activos (nota: financieros) se volverían un objetivo de represalias.

Las amenazas del socio chino se tornaron más ominosas en 2013: podemos detectar su fuerza aérea furtiva; tenemos nuestro propio GPS y podemos derribar los de ustedes; conocemos todas las tecnologías de sus empresas y la NASA.

Un dato relevante: en 2019 China tendrá cuatro portaviones desplegados, lo cual, a mi juicio, representaría un notable posicionamiento frente a los 10 portaviones activos de Estados Unidos.

¡Se desprende que 2019 será un año crucial en los mares!

Luego del garrote vienen las zanahorias y, a mi juicio, Wesley Clark intenta seducir a China (sin Rusia) a un sutil G-2 (el esquema Brzezinski): China no busca el conflicto y puede conseguir la mayoría (sic) de sus objetivos en forma diestra combinando su diplomacia tradicional con su extenso poder económico, pero tampoco evitará el conflicto cuando en el pasado ha usado a su ejército en forma preventiva más que defensiva. Subsiste el riesgo que una China ascendente busque el reconocimiento de su poder y derechosy desencadene un conflicto en forma deliberada o por error de cálculo.

Para Estados Unidos, el profundo problema estratégico es el desafío mas fundamental (sic) de China a la arquitectura global del comercio, las leyes (sic) y la resolución pacífica (sic) de las disputas. Virtudes que, por cierto, no aplica Estados Unidos.

Imbuido por el excepcionalismo de Estados Unidos, se inquieta de que China buscará estructuras y relaciones que sustenten el reinado doméstico del PC y su política de que los países no deben intervenir en los asuntos ajenos. ¿Pretende Estados Unidos excluir la autodeterminación del resto del planeta para imponer su insustentable solipsismo geopolítico?

Wesley Clark intenta incorporar a China al caduco orden mundial unipolar de Estados Unidos antes de que se deslice a ideas nacionalistas del siglo XIX sobre el equilibrio de poder y las esferas de influencia.

Admite que en escala, el ascenso de China rebasa al de Alemania de hace un siglo y al de Japón en los 80, cuando China no es como la Unión Soviética (sic), aislada económicamente de la mayor parte del mundo. ¿No habrá querido decir Rusia?

Alega que durante dos décadas, la estrategia de Estados Unidos con China ha oscilado entre la concesión y la contención, a la que tiende la política del pivote de Obama en Asia mediante la polémica Asociación Transpacífica de 11 países sin China.

Concluye con las advertencias consabidas: los chinos deben entender que la expansión de sus capacidades militares tiene consecuencias (supersic).

Mientras China observa cercanamente los sucesos en Ucrania, Wesley Clark se torna condescendiente: debemos ayudar (sic) a que China entienda (sic) que un alineamiento más cercano y seguro con Rusia solo provocará (sic) a Estados Unidos y a sus aliados.

Viene la propuesta del G-2 subrepticio bajo el dominio hegemónico de Estados Unidos: asumir la responsabilidad compartida (sic) para el liderazgo global, en proporción a su riqueza y poder, perfeccionando las instituciones de gobernación global (ONU, FMI, BM).

De otra forma, China se encontrará aislada y a la defensiva, sin importar lo grande de su economía y su poder militar. ¡Uf!

Se desprende que Estados Unidos ha trazado una línea roja: la intangibilidad de los disfuncionales organismos internacionales que domina.

Desecha que el punto de vista cada vez más prevaleciente en China, de que sustituirá inevitablemente a Estados Unidos como el líder del poder mundial, dista mucho de estar garantizado.

La clave será también que Estados Unidos consiga su independencia energética y retenga el liderazgo global.

Wesley Clark se quedó estancado en el Kosovo de 1998 y es él quien no entiende que 16 años más tarde el mundo post Crimea cambió dramáticamente hacia el incipiente nuevo orden multipolar con el ascenso del BRICS, al unísono de China.

LaJornada

Dramático cambio del PIB global: ¡China supera a EU y el BRICS rasguña al G-7!, por Alfredo Jalife-Rahme

Posted in Alfredo Jalife-Rahme, Asia, BRICS, China, Economía, EEUU, Geopolítica, India, Occidente, Opinión, Rusia on 12/10/2014 by athelvok

 

Foto

Plantón de manifestantes pro democracia cerca de la sede de gobierno en Hong Kong, en la madrugada de este domingo. Foto Reuters

En su dramática Perspectiva económica mundial, el FMI publicó aparatosos datos nada sorprendentes que acentúan las tendencias en los primeros 10 lugares del PIB global medido por el poder adquisitivo ( Purchasing Power Parity: PPP): China (17.6 millones de millones de dólares, trillones en anglosajón) desplaza a Estados Unidos (EU) –17.4 millones de millones de dólares– del primer lugar (http://goo.gl/4trx7S) y el BRICS de los mercados emergentes del incipiente orden multipolar rasguña al G-7 de las oxidadas economías avanzadas hoy paralizadas por sus deudas impagables, como exhuma el demoledor Reporte Ginebra (http://goo.gl/355sO9).

FMI proyecta que en los próximos cinco años China superará en 20 por ciento al PIB de EU y aborda la diferencia entre el poder adquisitivo (PPP) y el menos usado PIB nominal que expresa su cotización en dólares (http://goo.gl/zk8HI9).

Dicho sea con humildad de rigor, el ascenso irresistible tanto de China como del BRICS en contrapunto a EU y al G-7 lo había proyectado en mi libro Hacia la desglobalización (http://goo.gl/mdYIUk )” de 2007, que resultó premonitorio y de mi otro libro El híbrido mundo multipolar (http://goo.gl/Avfwsm )” de 2010.

El mismo ex director del FMI, el franco-israelí Dominique Strauss-Kahn, había proyectado que en 2015 China desplazaría a EU del primer lugar, lo cual le valió, quizá, su defenestración por la vía erótica.

El dato más espectacular es la irrupción de Indonesia en el noveno lugar, con 2.55 millones de millones de dólares –máximo país islámico del mundo con 254 millones de habitantes– que desplaza a un humillante décimo lugar a Gran Bretaña (GB: 2.43 millones de millones de dólares), otrora potencia imperial de tres siglos, hoy en aguda decadencia.

Otro dato relevante –poco publicitado, pero que repite el sitio del año pasado– lo ostenta India, que ocupa un portentoso tercer lugar (7.27 millones de millones de dólares): ¡antes del cuarto y quinto lugar de Japón (4.78 millones de millones) y Alemania (3.6 millones de millones)!

La subestimada India se acaba de lucir con la colocación de su satélite en Marte: hazaña tecnológica que comparte con EU, Rusia y la Unión Europea.

Nada nuevo sobre Rusia y Brasil, que ocupan respectivamente el sexto (3.55 millones de millones de dólares) y séptimo lugar (3.07 millones de millones), que desplazan a Francia a un penoso octavo sitio (2.58 millones de millones).

Cuando los desinformativos multimedia israelí-anglosajones lo consideraban derrotado, destaca, al revés, que el pentapartito BRICS (32.17 millones de millones de dólares) rasguña al heptapartita G-7 (34.42 millones de millones). ¡Fenomenal!

A propósito, el reporte del FMI coloca negativamente al infatuado “México neoliberal itamita” en el octavo lugar: ¡Pero de los países más endeudados del mundo!

Los realistas británicos del desinformativo The Economist ya se dieron cuenta de que no es sencillo intentar el insensato aislamiento de Rusia, sexta potencia geoeconómica con las quintas reservas de divisas globales, y exhortan acostumbrarse al liderazgo de Rusia (http://goo.gl/XslJeV) que, a mi juicio, provee su disuasivo paraguas nuclear al BRICS.

A los analistas oficiosos de China les disgustó el primer lugar en el mundo cuando estimar la verdadera fortaleza economía de un país es un asunto muy complicado (http://goo.gl/UtmKNr).

Juzgan que el sitio de ser el primero en el mundo basado únicamente en el poder adquisitivo no es persuasivo cuando su cálculo queda abierto a su amplia mala interpretación.

Sucede todo lo contrario cuando se mide el per cápita del PIB de China por el poder adquisitivo: patético lugar 121, con 6 mil 629 dólares, aunque 30 veces mayor al de 1980: ¡34 años pasmosos!

China aún queda lejos del per cápita de EU (51 mil 200 dólares), lugar 15 del mundo y primero del G-7, si descontamos los cuatro paraísos extraterritoriales fiscales/bélicos de GB: Bermudas (cuarto sitio: 86 mil dólares); Jersey (octavo: 57 mil); las ocupadas islas Malvinas (décimo: 55 mil 400), e Isle of Man (decimotercero: 53 mil 800), dejando de lado a los enclaves piratas británicos de Guernsey (lugar 16), las islas Caimán (17) y Gibraltar (20) (http://goo.gl/7qHgDD).

El desempeño del BRICS medido por el PIB per cápita es aún mediocre: Rusia (lugar 77: 18 mil 100 dólares), India (169: 4 mil, ¡peor que China!), Brasil (105: 12 mil 100) y Sudáfrica (108: 11 mil 500).

El primer per cápita del mundo es Qatar (¡102 mil 100 dólares!), verdadero artefacto gasero, mientras el “México neoliberal itamita” se hunde en el lugar 88 con anodinos 15 mil 600, detrás del minúsculo y agobiado Líbano (15 mil 800).

Destaca que Macao (88 mil 700 dólares) y Hong Kong (52 mil 700) –ambos pertenecientes a China bajo el esquema de un país, dos sistemas–, ostenten respectivamente los lugares tercero y decimoquinto del ranking del PIB per cápita.

Llama la atención que los paraísos fiscales británicos se encuentren entre los primeros lugares mundiales del PIB per cápita, lo cual enmarca la piratería consustancial al buitre modelo neoliberal global y sus expoliadores derivados financieros.

Argumentan los analistas oficiosos chinos que aun si su economía continúa creciendo a la tasa presente, le tomará a China por lo menos 35 años (sic) alcanzar el per cápita de EU, por lo que es ridículo aseverar que el PIB de China supera al de EU. Todo es tan relativo…

Aducen que China “se encuentra rezagada respecto de otros países en el poder blando ( soft-power) económico”, ya que no es tan sofisticado como EU, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Israel y Sudcorea en innovación. ¿Habrán descontado sus enclaves paradisíacos de Macao y Hong Kong?

Arguyen persuasivamente que aun la inversión en I&D en ciencia y tecnología es solamente el 60 por ciento de la contraparte estadunidense, cuando existe una inmensa brecha entre China y EU en términos de poder blando (nota: la cibertecnología aplicada a las finanzas y sus especulativos derivados cotizados por supercomputadoras).

Asiste parcialmente la razón a los alegatos de los oficiosos analistas de China, ya que en el Índice de Desarrollo Financiero del Foro Económico Global de Davos (http://goo.gl/3app73), descontando el primer lugar de Hong Kong –que pertenece soberana y catastralmente a China–, las plazas financieristas de Wall Street y la City en Londres ocupan el segundo y tercer lugar en el ranking global frente al sitio 23 de China y superan al restante del BRICS: Rusia (39), India (40), Brasil (32) y Sudáfrica (28).

El lugar 45 del “México neoliberal itamita”, castrado sin bancos de inversiones nacionales, es atroz, pese a su alucinante espejismo financierista de corte itamita.

Aunque esperados, los datos dramáticos del FMI exponen el intersticio/ intermezzo de la declinación de un poder hegemónico (EU) frente al ascenso irresistible de una nueva potencia (China) que se abultará más, conforme avance el tiempo, sin guerras de por medio y miedo(http://goo.gl/Kpwy9c).

LaJornada

¿Pueden China y Rusia echar a Washington a empujones de Eurasia?, por Pepe Escobar

Posted in Asia, BRICS, China, Economía, EEUU, Europa, Geopolítica, India, Irak, Irán, Occidente, Opinión, OTAN, Próximo Oriente, Rusia, Ucrania, UE on 11/10/2014 by athelvok

 

TomDispatch

 

Traducido para Rebelión por S. Seguí

Introducción de Tomdispatch: Nuevas rutas de la seda y un siglo euroasiatico alternativo

Durante la II Guerra de Iraq (2003-2011), solía yo imaginar que los líderes chinos se reunían semanalmente en las calles de la Ciudad Prohibida, cantando y bailando para celebrar la estupidez americana. Año tras año, cuando Estados Unidos hubiera podido enfrentarse a una China en ascenso, como les pedía el cuerpo a los líderes yanquis desde hacía años, el país se encontraba completamente distraído por la desastrosa invasión y ocupación de Iraq. No puedo dejar de pensar que, en unos momentos en que una campaña acelerada de bombardeos en Iraq y ahora Siria, con las botas de 1.600 militares cada vez más sobre el terreno y otras que parece que están por llegar, con una III Guerra de Iraq (2014 – fecha límite desconocida) los líderes chinos se están regocijando una vez más. A pesar de todo lo que se ha hablado en los últimos años acerca de “pivote asiático” militar del gobierno de Obama, no puede caber duda de que esta reciente campaña en Oriente Próximo va a poner piedras en el planeado engranaje de “contención” en el Pacífico.

Mientras tanto, el estado de ánimo de China ha cambiado, claramente. Como escribió Orville Schell recientemente después de una polémica visita a Beijing del viejo presidente Jimmy Carter (90 años), quien hace más de 30 años patrocinó un acercamiento a gran escala de Estados Unidos con la nueva versión capitalista de la China comunista :

“En pocas palabras, lo que solía ser conocido como ‘Occidente’ ahora se encuentra enfrentado a una posición cada vez más intrincada en la que el equilibrio de poder está cambiando, un hecho que pocos se han tomado la molestia de reconocer y mucho menos de tener en cuenta en las nuevas formulaciones de acercamiento a China. Seguimos teniendo nostalgia de aquellos tiempos pintorescos en que los líderes chinos seguían la consigna de Deng [Xiaoping] a su pueblo: “Esconder nuestras capacidades y esperar nuestro momento” (taoguang yanghui). Lo que quería decir con esta expresión (chengyu) no era que China tuviera que seguir eternamente contenida sino que el momento de manifestarse aún no había llegado. Ahora que es más fuerte, en cambio, sus líderes parecen creer que su momento ha llegado por fin y que ya no están ni siquiera dispuestos a ajustarse a la reconfortante idea de un “ascenso pacífico” (heping jueqi)”.

Por el momento, por supuesto, los chinos tienen sus propios problemas internos, que van desde una economía con tendencia a la creación de burbujas, a un movimiento separatista islámico en el interior de la provincia de Xinjiang y al reciente movimiento Occupy que está levantando olas en el moderno centro financiero asiático de Hong Kong. Sin embargo, si uno llega a Beijing el mundo parece un lugar diferente. Pepe Escobar, trotamundos peripatético de TomDispatch en el continente euroasiático, que él llama Pipelineistan, ha hecho justamente eso. Ha visitado también lugares situados a lo largo de las futuras “nuevas rutas de la seda” que China quiere establecer siguiendo el camino a Europa occidental. Escobar ofrece una visión de un mundo euroasiático diferente a la que reflejan los boletines de noticias de este país. Si usted desea entender el planeta en el que en realidad puede encontrarse viviendo en un futuro próximo, no podría ser más significativo asimilar dicha visión.

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¿Pueden China y Rusia echar a Washington a empujones de Eurasia?

El futuro de una alianza Beijing-Moscú-Berlín

Un fantasma recorre el rápidamente envejecido “Nuevo Siglo Americano”: la posibilidad de una futura alianza comercial estratégica Beijing-Moscú-Berlín. Llamémosla BMB.

Su probabilidad está siendo analizada muy en serio en las más altas esferas de Beijing y Moscú, y observada con interés en Berlín, Nueva Delhi y Teherán. Pero no se les ocurra mencionarla dentro del circuito político –el Beltway– de Washington o en la sede de la OTAN en Bruselas. En estos lugares, la estrella del espectáculo de hoy y mañana es el nuevo Osama bin Laden: el Califa Ibrahim, alias Abu Bakr al-Baghdadi, el escurridizo y autoproclamado profeta y decapitador, jefe de un mini estado y un movimiento que ya nos ha deparado un festín de siglas –ISIS/ISIL/IS– a mayor gloria de la histeria reinante en Washington y otros lugares.

Sin embargo, al margen de cómo Washington nos depara con asiduidad nuevos remix de la Guerra Global contra el Terror, las placas tectónicas de la geopolítica euroasiática continúan en movimiento, y no van a dejar de hacerlo porque las elites estadounidenses se nieguen a aceptar que su históricamente breve “momento unipolar” está de capa caída. A ellos, el cierre de la era del “full spectrum dominance” (dominio de espectro completo), como el Pentágono le gusta llamarlo, les resulta inconcebible. Después de todo, la necesidad de que el país “indispensable” controle todo el espacio –militar, económico, cultural, cibernético y exterior– es poco menos que un dogma religioso. A los misioneros “excepcionalistas” no les va la igualdad. A lo sumo, aceptan “coaliciones de voluntarios” como la que amontona a “más de 40 países” para luchar contra ISIS/ISIL/IS, países que o bien aplauden (y maquinan) entre bambalinas o envían algún que otro avión a Iraq o Siria.

La OTAN, que a diferencia de parte de sus miembros no combatirá oficialmente en Jihadistan, sigue siendo un montaje vertical controlado desde la cúspide por Washington. Nunca se ha molestado en aceptar plenamente a la Unión Europea o permitir que Rusia se “sintiera” europea. En cuanto al Califa, se trata únicamente de una distracción menor. Un cínico postmoderno podría incluso afirmar que se trata de un emisario enviado al terreno de juego mundial por China y Rusia para que la hiperpotencia perdiera de vista la pelota.

Divide y aísla  

Así pues, ¿cómo se aplica la “dominación de espectro completo” cuando dos potencias competidoras reales –Rusia y China– comienzan a hacer sentir su presencia? El enfoque de Washington hacia cada una de ellas –en Ucrania y en los mares de Asia– podría considerarse como de dividir y aislar.

Con el fin de mantener el Océano Pacífico como un clásico “lago americano”, el gobierno de Obama ha estado “pivotando” de vuelta a Asia desde hace varios años. Esto ha implicado sólo movimientos militares modestos, sino también un poco modesto intento de enfrentar el nacionalismo chino contra la variante homóloga japonesa, mientras reforzaba sus alianzas y relaciones en todo el Sudeste asiático, con un enfoque en las disputas energéticas del Mar del Sur de China. Al tiempo que movía sus peones para cerrar un acuerdo comercial futuro, la Asociación Trans-Pacífico (TPP).

En las fronteras occidentales de Rusia, el gobierno de Obama (coreado por sus cheerleaders locales, Polonia y los países bálticos) ha avivado las brasas de un cambio de régimen en Kiev hasta hacerlas llamear y crear lo que Vladimir Putin y los líderes de Rusia perciben como una amenaza existencial para Moscú. A diferencia de EE.UU., cuya esfera de influencia (y sus bases militares) son globales, se trataba de que Rusia no tuviera ninguna influencia significativa en lo que fue su bloque cercano, el cual, en lo que respecta a Kiev, no es para la mayoría de los rusos en absoluto “extranjero”.

Para Moscú, pareciera que Washington y sus aliados de la OTAN estuvieran cada vez más interesados ​​en imponer un nuevo telón de acero a su país desde el Báltico hasta el Mar Negro, con Ucrania simplemente como punta de lanza. En términos de la alianza BMB, el nuevo telón se concibe como un intento de aislar a Rusia e imponer una nueva barrera a sus relaciones con Alemania. El objetivo final sería dividir Eurasia e impedir nuevos avances hacia una integración comercial futura a través de un proceso no controlado por Washington.

Desde el punto de vista de Beijing, la crisis de Ucrania ha sido un acontecimiento en el que Washington ha cruzado todas las líneas rojas imaginables para acosar y aislar a Rusia. Para sus líderes, pareciera un intento concertado de desestabilizar la región de manera favorable a los intereses estadounidenses, con el apoyo de toda la amplia gama de élites de Washington, desde los neoconservadores y “liberales” de la Guerra Fría hasta los intervencionistas humanitarios del tipo Susan Rice y Samantha Power. Por supuesto, si usted ha estado siguiendo la crisis de Ucrania desde Washington, esta perspectiva le parecerá tan extraña como la de un marciano cualquiera. Pero el mundo se ve de manera diferente desde el corazón de Eurasia, en particular a partir de una China en ascenso con su “sueño chino” (Zhongguo meng) de nuevo cuño.

Según el presidente Xi Jinping, ese sueño incluiría una futura red de nuevas rutas de la seda, organizada por China, que crearía el equivalente de un TransAsian Express para el comercio euroasiático. Así que cuando Beijing, por ejemplo, siente la presión de Washington y Tokio en el frente marítimo, parte de su respuesta es un avance de tipo comercial en dos frentes a través de la masa terrestre de Eurasia, uno de ellos a través de Siberia y el otro a través de los “stans” de Asia Central.

En este sentido, aun que usted no lo sepa –si sólo sigue los medios estadounidenses o los “debates” en Washington– estamos entrando potencialmente en un nuevo mundo. No hace mucho tiempo, los líderes de Beijing coqueteaban con la idea de redefinir su juego geopolítico-económico codo con codo con EE.UU., mientras que el Moscú de Putin daba a entender la posibilidad de algún día unirse a la OTAN. Ya se acabó. Hoy en día, la parte de Occidente en que ambos están interesados ​​en un posible futuro es una Alemania ya no dominada por el poderío estadounidense y los deseos de Washington.

De hecho, Moscú lleva ya no menos de medio siglo de diálogo estratégico con Berlín que hoy día incluye la cooperación industrial y la interdependencia energética. En muchas partes del Sur global ya se está al corriente de ello, y Alemania está empezando a ser considerada como “la sexta potencia BRICS” (después de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

En medio de unas crisis mundiales que van desde Siria a Ucrania, los intereses geoestratégicos de Berlín parecen ir divergiendo lentamente de los de Washington. Los industriales alemanes, en particular, parecen ansiosos por continuar con unos tratos comerciales con Rusia y China que no tienen límite. Estos podrían colocar al país en camino hacia un poderío mundial sin los límites de las fronteras de la UE y, a largo plazo, indicar el final de la era en la que Alemania, por mucha sutileza que se quisiera, era esencialmente un satélite estadounidense.

Será un camino largo y sinuoso. El Bundestag, el parlamento de Alemania, sigue dependiente de una agenda atlantista fuerte y de una obediencia preventiva a Washington. Y siguen habiendo decenas de miles de soldados estadounidenses en suelo alemán . Sin embargo, por primera vez, la canciller alemana Angela Merkel ha dudado a la hora de imponer sanciones más estrictas ​​a Rusia, por cuanto no menos de 300.000 puestos de trabajo alemanes dependen de las relaciones con este país. Los líderes industriales y el establishment financiero ya han dado la voz de alarma, temiendo que dichas sanciones sean totalmente contraproducentes.

El banquete de la Ruta de la Seda  china

El nuevo juego de poder geopolítico de China en Eurasia tiene pocos paralelos en la historia moderna. Los días en que el “pequeño timonel” Deng Xiaoping insistía en que el país debía mantener un perfil bajo en la escena mundial han desaparecido. Por supuesto, hay desacuerdos y estrategias en conflicto cuando se trata de la gestión de los puntos calientes del país: Taiwán, Hong Kong, Tíbet, Xinjiang, el Mar del Sur de China, los competidores India y Japón, y los aliados problemáticos como Corea del Norte y Pakistán. Y el descontento popular en algunas “periferias” dominadas por Beijing está creciendo hasta niveles incendiarios.

La prioridad número uno del país sigue siendo llevar a cabo las reformas económicas del presidente Xi, al tiempo que se aumenta la “transparencia” y se lucha contra la corrupción en el seno del Partido Comunista gobernante. En un distante segundo lugar está el problema de cómo protegerse progresivamente contra los planes de “pivote” del Pentágono en la región –mediante el aumento del poderío militar de una flota de alta mar, submarinos nucleares y una fuerza aérea tecnológicamente avanzada– sin llegar a ser tan asertivo como para hacer entrar en pánico al establishment de Washington y su temida “amenaza amarilla”.

Mientras tanto, con una Marina estadounidense capaz de controlar las vías de comunicación globales marítimas en un futuro previsible, la planificación de las citadas rutas de la seda a través de Eurasia prosigue a buen ritmo. El resultado final podría ser un triunfo de las infraestructura integradas –carreteras, trenes de alta velocidad, oleoductos, puertos– que conectaría China a Europa Occidental y el Mediterráneo, el viejo Mare Nostrum imperial, en todas las formas imaginables.

En un viaje inverso al de Marco Polo, remixed para un mundo con Google, uno de los ramales claves de la Ruta de la Seda irá desde la antigua capital imperial Xi’an a Urumqi, en la provincia de Xinjiang, y luego, a través de Asia central, Irán, Iraq y la Anatolia turca, hasta terminar en Venecia. Otro será una ruta marítima de la seda a partir de la provincia de Fujian, pasando por el estrecho de Malaca, el Océano Índico, Nairobi, en Kenia, para finalmente continuar hasta el Mediterráneo a través del Canal de Suez. Tomados en conjunto, es a lo que Beijing se refiere como el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda.

La estrategia de China es crear una red de interconexiones entre no menos de cinco zonas clave: Rusia (puente clave entre Asia y Europa), los “stans” de Asia Central, Asia del sureste (con importantes funciones para Irán, Iraq, Siria, Arabia Saudita y Turquía), el Cáucaso y Europa del Este (entre otros Belarús, Moldavia y, en función de su estabilidad, Ucrania). Y no se olviden de Afganistán, Pakistán y la India, en lo que podría ser considerado como una ruta de la seda plus.

Esta ruta plus conectaría el corredor económico Bangladesh-China-India-Myanmar con el corredor económico China-Pakistán, y podría ofrecer a Beijing un acceso privilegiado al Océano Índico. Una vez más, un paquete total –carreteras, trenes de alta velocidad, oleoductos y redes de fibra óptica– uniría la región con China.

Xi en persona situó la conexión entre India y China como parte de un bien definido conjunto de imágenes en un artículo de fondo que publicó en el periódico The Hindu poco antes de su reciente visita a Nueva Delhi. “La combinación de la ‘fábrica del mundo’ y la ‘oficina administrativa del mundo’”, escribió, “dará como resultado la base productiva más competitiva y el mercado de consumo más atractivo”.

El núcleo central de la elaborada planificación china para el futuro euroasiático es Urumqi, capital de la provincia de Xinjiang y sede de la mayor feria comercial de Asia Central, la Feria de China-Eurasia. Desde el año 2000, una de las mayores prioridades de Beijing ha sido la urbanización de esta provincia, en gran parte desierta pero rica en petróleo, e industrializarla a toda costa. Lo que implica, en opinión de Beijing, la homologación de la región con China, con el corolario de la supresión de cualquier disidencia de la etnia uigur. Li Yazhou, general del Ejército Popular de Liberación describió Asia Central como “el más sutil pedazo de pastel donado por el cielo a la China moderna”.

La mayor parte de la visión de China de una nueva Eurasia conectada con Beijing por todo tipo de transporte y comunicación se detallaba claramente en el documento “Marching Westwards: The Rebalancing of China’s Geostrategy” (“Marchando hacia el oeste: el reequilibrio de la geoestrategia china”) un estudio de referencia publicado en 2012 por el académico Wang Jisi, del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de la Universidad de Beijing. Como respuesta a este futuro entramado de conexiones de eurasiáticas, el mayor logro del gobierno de Obama ha sido a una versión de la contención naval desde el Océano Índico hasta el Mar del Sur de China, al tiempo que un agudizamiento de los conflictos y las alianzas estratégicas alrededor de China, de Japón a la India. (La OTAN se queda, por supuesto, con la tarea de contener a Rusia en Europa del Este).

Contra las rutas de la seda, telón de acero  

El “acuerdo de gas del siglo”, de 400.000 millones dólares, firmado por Putin y el presidente chino en mayo pasado, sentó las bases para la construcción del gasoducto Power of Siberia ya en construcción en Yakutsk, que hará llegar un diluvio de gas natural ruso al mercado chino. Está claro que sólo representa el comienzo de una alianza energética turboasistida entre los dos países. Entre tanto, los empresarios e industriales alemanes ya se han percatado de una nueva realidad: del mismo modo que el mercado final de los productos made-in-China que circularán por las futuras nuevas rutas de la seda será Europa, una circulación en sentido inverso es asimismo evidente. En un posible futuro comercial, China está destinada a convertirse en el principal socio comercial de Alemania para 2018, por delante tanto de EE.UU. como de Francia.

Un posible obstáculo a esta evolución, grato a los ojos de Washington, es una Guerra Fría 2.0, que ya está desgarrando no la OTAN sino la Unión Europea. En la UE de este momento, el campo antirruso incluye Gran Bretaña, Suecia, Polonia, Rumanía y los países bálticos. Por otra parte, Italia y Hungría, pueden considerarse en el campo prorruso, mientras que una imprevisible Alemania sigue siendo la clave para saber si el futuro va a consistir en un nuevo telón de acero o en una nueva apertura al Este. Para ello, Ucrania sigue siendo la clave. Si se la consigue finlandizar con éxito (con una autonomía significativa para sus regiones), como ha propuesto Moscú –sugerencia que Washington rechaza de plano–, la vía hacia el Este seguirá abierta. Si no, la propuesta de una BMB tendrá un futuro incierto.

Cabe señalar que hay también otra visión del futuro económico euroasiático que asoma en el horizonte. Washington intenta imponer a Europa un Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) y un tratado Transpacífico de Asociación similar (TPP) a Asia. Ambos favorecen a las corporaciones americanas globales y su objetivo evidente es el de impedir el ascenso de las economías de los países BRICS y el surgimiento de otros mercados emergentes, a la vez que da solidez a la hegemonía económica global estadounidense.

Dos hechos flagrantes, debidamente registrados en Moscú, Beijing y Berlín, indican cuál es el núcleo duro geopolítico detrás de estos dos pactos “comerciales”. El TPP excluye a China y el TTIP excluye a Rusia. Es decir, ambos representan las líneas de fuerza, apenas disimuladas, de una futura guerra comercial y monetaria. En mis propios viajes recientes, he oído una y otra vez de boca de productores agrícolas de calidad en España, Italia, y Francia que el TTIP es nada más que una versión económica de la OTAN, la alianza militar que el presidente chino Xi Jinping, llama, quizás un tanto ilusoriamente, una “estructura obsoleta”.

Hay una resistencia significativa al TTIP en muchos países de la UE (especialmente en los del Club Med de la Europa meridional), del mismo modo que la hay contra el TPP entre las naciones de Asia (especialmente Japón y Malasia). Es esto es lo que da a chinos y rusos esperanzas para sus nuevas rutas de la seda y para un nuevo tipo de comercio a través del corazón de Eurasia respaldado por una Unión Euroasiática apoyada en Rusia. A esta situación están prestando mucha atención figuras clave en los círculos empresariales e industriales alemanes para los que la relación con Rusia sigue siendo esencial.

Después de todo, Berlín no ha mostrado una excesiva preocupación por el resto de una UE sumida en crisis (tres recesiones en cinco años). A través de una troika universalmente despreciada –Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea– Berlín está ya a todos los efectos prácticos, al timón de Europa, prosperando y mirando al Este.

Hace tres meses, la canciller alemana Angela Merkel visitó Beijing. Apenas aparecieron en la prensa las conversaciones sobre la aceleración de un proyecto potencialmente revolucionario: una conexión ininterrumpida de ferrocarril de alta velocidad entre Beijing y Berlín. Su construcción será un imán para el transporte y el comercio entre decenas de países a lo largo de su ruta, de Asia a Europa. Pasando a través de Moscú, podría convertirse en el integrador definitivo de la Ruta de la Seda y quizás la pesadilla definitiva para Washington.

“Perder” Rusia

En medio de una gran atención de los medios, la reciente cumbre de la OTAN en Gales ha producido sólo una modesta “fuerza de reacción rápida” para su despliegue con vistas a cualquier situación futura tipo Ucrania. Mientras tanto, la creciente Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), una posible contraparte asiática de la OTAN, se reunió en Duchanbé (Tayikistán). En Washington y Europa Occidental nadie pareció dar importancia al encuentro. Deberían haberlo hecho. Allí, China, Rusia y los cuatro “stans” de Asia Central acordaron incorporar a un impresionante conjunto de nuevos miembros: India, Pakistán e Irán. Las implicaciones pueden ser de largo alcance. Después de todo, India, con su primer ministro Narendra Modi, está ahora contemplando su propia interpretación de la Ruta de la Seda. Detrás de ella se encuentra la posibilidad de un acercamiento económico de “Chindia”, que podría cambiar el mapa geopolítico de Eurasia. Al mismo tiempo, Irán está también incorporándose al tejido de la red “Chindia”.

De este modo, lenta pero segura, la OCS se perfila como la principal organización internacional en Asia. Ya es evidente que uno de sus objetivos fundamental a largo plazo será el de dejar de operar en dólares, mientras avanza en el uso del petroyuan y el petrorrublo en el comercio de la energía. Y EE.UU., por supuesto, nunca será bien recibido en la Organización.

Pero todo esto es hablar del futuro. En la actualidad, el Kremlin sigue enviando señales de que quiere empezar a hablar de nuevo con Washington, mientras que Beijing nunca ha querido dejar de hacerlo. Sin embargo, la administración Obama sigue miope, enfrascada en su propia versión de un juego de suma cero, confiando en su fuerza tecnológica y militar para mantener una posición ventajosa en Eurasia. Beijing, sin embargo, tiene acceso a los mercados y un montón de dinero en efectivo, mientras que Moscú tiene un montón de energía. Una cooperación triangular entre Washington, Beijing y Moscú sería sin duda –como dirían los chinos– un juego en el que todos saldrían ganando… pero no contengan la respiración por el momento.

En cambio, es de esperar que China y Rusia profundicen su asociación estratégica, al tiempo que atraen a otras potencias regionales euroasiáticas. Beijing ha apostado el resto a que el enfrentamiento entre EEUU/OTAN y Rusia por Ucrania hará que Vladimir Putin gire hacia el Este. Al mismo tiempo, Moscú está calibrando cuidadosamente lo que su presente reorientación hacia un gigante económico así puede significar. Algún día, es posible que algunas voces de cordura en Washington se pregunten en voz alta cómo fue que EE.UU. “perdió” Rusia en beneficio de China.

Mientras tanto, podemos pensar en China como un imán en el nuevo orden mundial de un futuro siglo euroasiático. El mismo proceso de integración que realiza Rusia, por ejemplo, parece cada vez más el de India y otras naciones de Eurasia, y, posiblemente, tarde o temprano también el de una Alemania neutral. En el juego final de un proceso así, EE.UU. podría verse progresivamente expulsado ​​de Eurasia, y el eje BMB podría aparecer como un factor de cambio de juego. Hagan sus apuestas, pronto. El resultado para el año 2025.

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