Quince días de ajuste del nuevo orden multipolar del G-3: EU/Rusia/China, por Alfredo Jalife-Rahme

 

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El presidente estadunidense, Barack Obama, durante un encuentro con periodistas, ayer en el salón Roosevelt de la Casa Blanca. Foto Reuters

Pocas veces se escenifican cumbres y reuniones trascendentales en un corto plazo de tan sólo 15 días, como el presente lapso del 10/11 de noviembre –Cumbre del Foro Económico Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) en Pekín– pasando del 15/16 –G-20 en Brisbane (Australia)– hasta la fecha límite del 24 sobre la negociación del contencioso nuclear iraní con el P5+1 –los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania.

No faltarán analistas que agreguen la reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) del 27 de noviembre, la cual, a mi juicio, exhibirá las consecuencias del ajuste y/o acomodamiento del nuevo orden multipolar geoestratégico entre las tres superpotencias: Estados Unidos (EU), Rusia y China –un tímido G-3 que no se atreve a pronunciar su nombre.

Tras haberse injuriado en público con todos los epítetos habidos y por haber de la guerra sicológica entre Occidente y Rusia, ahora en la Cumbre del G-20 podrán reunirse los presidentes Putin y Obama (http://goo.gl/uM8IRy) para desmarcar sus respectivas esferas de influencia antes de aventurarse a una guerra nuclear que aseguraría su destrucción mutua y que dejaría como gran vencedor a China.

La oficiosa guerra multidimensional incluye el choque en los frentes de Ucrania y el Medio Oriente –donde EU hubo presuntamente plantado con los yihadistas la semilla desestabilizadora contra Rusia, China e India, tres miembros nucleares prominentes del BRICS (http://goo.gl/OQ0FG2)– las sanciones a Rusia, el desplome orquestado del precio del petróleo y otras materias primas, la guerra de divisas, etcétera.

Como consecuencia de la disolución del bloque soviético, se supone que los cancilleres de EU y la ex URSS, el texano James Baker III y el georgiano Eduard Shevardnadze, habían delimitado las respectivas zonas de influencia, con la gravísima salvedad de que el compromiso fue oral y sin rúbrica notarizada, lo cual permitió la expansión vertiginosa de los dos brazos irredentistas de EU hasta las fronteras del corazón ruso traumatizado: la OTAN y la Unión Europea.

Un entendimiento implícito sin firma de por medio –que aprovechó estupendamente EU al haberse valido de la ingenuidad rusa en la etapa post-Andropov y pre-Putin– ha sido la causa de la disputa por el alma de Ucrania cuando Vlady Putin intenta regresar en la medida de lo posible al statu quo ante la doble humillación de Gorbachov y Yeltsin, lo cual se desprende de su histórica filípica contra EU en el Club Valdai (http://goo.gl/GkNSbY), que consideré, no como una amenaza, sino como su última exhortación para reconfigurar el nuevo orden multipolar, que por necesidad es ya tripolar entre EU/Rusia/China y que podría asentar sus reales en los 15 trascendentales días desde Pekín pasando por Brisbane hasta Teherán, en caso de que los actores históricos no deseen declarar oficialmente el estallido de la tercera guerra mundial que sería termonuclear.

Pese a que el presidente Obama fue literalmente ultrajado, como era de esperarse, por el Partido Republicano en las elecciones intermedias, sigue siendo el presidente de EU, una superpotencia en declive que intenta imponer aún su agenda global hasta que sea detenido por los únicos dos países que lo pueden impedir: Rusia y China.

Si los conflictos en Europa y Ucrania alejaron a Rusia y a EU, la probable resolución del contencioso iraní los puede acercar, como filtra NYT (http://goo.gl/U8VPti) sobre la inminente aceptación por Teherán para transportar la mayor parte de su pletórico almacenamiento de uranio a Rusia que convertiría el uranio a cilindros de combustible especializados para la planta eléctrica nuclear de Bushehr, el único reactor comercial de Irán.

No todo es rosa y las negociaciones trianguladas de EU-Irán-Rusia son muy complejas porque los actores son también de mentalidad compleja cuando la partida geoestratégica que se juega es muy cerrada.

El veterano ex diplomático indio M. K. Bhadrakumar considera que Obama con su probable arreglo con Irán, gracias a la intermediación de Rusia, puede descolgar un magnífico lugar en la historia diplomática de EU (http://goo.gl/U3NiVG).

Desde Teherán, pasando por Pekín (Cumbre APEC) hasta Brisbane (Cumbre G-20) asistimos a una disminución de las tensiones entre Rusia y EU, ulterior al paroxismo del mundo post-Crimea, pese a las recriminaciones mutuas.

Dejando atrás el delirio del analista Keith Ablow, quien reclama una Yihad estadunidense para imponer su cosmogonía al resto del mundo (http://goo.gl/7EpwZd), la réplica al histórico ultimátum de Putin la dio el general Martin Dempsey (http://goo.gl/1a3jFl) durante un acto con los veteranos del ejército, donde comentó que Rusia empuja los límites del orden internacional.

El general Dempsey reconoce implícitamente que Rusia busca el orden mundial perdido en Ucrania, pero se le escapa que Putin no piensa ser el clon ni el clown, como lo fueron sus antecesores frente a EU.

Dempsey considera que Putin y Rusia expresan un sentimiento de victimización tras el colapso del imperio soviético que fue enarbolado por el soliloquio (sic) antioccidental que duró literalmente casi tres horas, en referencia a la histórica filípica de Putin. A su juicio, Rusia está creando una situación inestable, con una forma de encender el fuego del nacionalismo, advirtiendo que una vez que se enciende ese fuego, no es controlable, concluyendo que se encontraba preocupado sobre Europa que ha sido muy complaciente con su seguridad. Fuck Europe again?

El secretario del Pentágono, Chuck Hagel (http://goo.gl/3nQ1Di), diagnosticó que se vive la transición de tiempos históricos definitorios de un nuevo orden en construcción (¡supersic!) tanto después de la Segunda Guerra Mundial como a la implosión de la URSS, por lo que instó a acostumbrarse a una guerra sin fin (¡supersic!). ¿No será que el gran problema de EU es su reajuste y/o acomodamiento al nuevo orden mundial multipolar geoestratégico del G-3?

Antes de iniciar la cumbre del APEC en Pekín, en forma espectacular, China y Japón acordaron expandir su diálogo y dejar de lado los tambores de la guerra (http://goo.gl/yCnJsF), lo cual alienta al ajuste geoestratégico en curso, donde se están definiendo las respectivas áreas de influencia del G-3 en gestación.

La agenda de Obama lo conduce a las cumbres del APEC y el G-20, pero también a otras dos cumbres regionales en Birmania, donde se escenificarán la del Este de Asia y la otra de EU con el bloque de 10 países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).

Según la rusa Daria Chernyshova (http://goo.gl/1jPDqL), las reuniones en la Cumbre del APEC contribuyen a definir la nueva geopolítica, donde destacan tres binomios: 1) China/Japón, 2) Rusia/Japón y 3) Rusia/China (¡Noveno encuentro de Putin y Xi en menos de dos años!). A mi juicio, le faltó otra reunión transcendental: la de Obama y Xi.

La cumbre del APEC de 21 miembros en Pekín –que se celebrará en un hotel circular de arquitectura acrobática que simboliza al sol naciente– posicionará a China como una de las tres superpotencias geoestratégicas indispensables del siglo XXI, con EU y Rusia.

LaJornada

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