David Fernández: “Algo pasa en Cataluña si neoliberales y anticapitalistas estamos de acuerdo”

El líder de la CUP recuerda que “la consulta no nació en la sede de Convergència, sino en Arenys de Munt”

David Fernández, en el Parlament. / Massimiliano Minocri

David Fernández (Barcelona, 1974) fue activista y periodista antes que parlamentario. Hace dos años encabezó la lista de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) y lograron tres escaños en la Cámara catalana. Fue la primera cristalización de una nueva forma de hacer política que luego imitaría Podemos, aunque la CUP tiene una dilatada experiencia municipal.

Fue en un Ayuntamiento gobernado por este partido, en Arenys de Munt (Barcelona), donde en 2009 se celebró la primera consulta sobre la independencia. “Esto hay que recordarlo, porque la consulta no nació en la sede de Convergència”, explica Fernández con su tono pausado característico. “La izquierda independentista hace 40 años que pide un referéndum sobre la autodeterminación, CiU no. No se puede olvidar que Mas gobernaba con el PP hace solo dos años”, explica.

El proceso soberanista, dice, ha servido a los nacionalistas para esconder que entre 2010 y 2014 han recortado 5.130 millones de euros, “el peor tijeretazo desde que hay democracia”, aunque Fernández apostilla que “el endeudamiento brutal que tiene Cataluña también es responsabilidad del tripartito”.

“Unos utilizan la independencia para hablar de la crisis, otros emplean la crisis para no hablar de la independencia y nosotros queremos hablar de todo, no solo quitar una bandera para poner otra”, añade Fernández, que será el presidente de la comisión de investigación del Parlament sobre el caso Pujol.

El apoyo sin fisuras que durante dos años ha mostrado a la hoja soberanista de Artur Mas le ha valido algunas críticas, pero él argumenta que “la diferencia que hay entre CiU y la CUP es la misma que entre la duquesa de Alba y un jornalero andaluz”. Su partido mantiene estrechas relaciones con el Sindicato de Obreros del Campo (SOC), que auspició el alcalde de Marinaleda, y donde la CUP ha explicado más de una vez la secesión catalana.

Fernández insiste en la transversalidad y permeabilidad del proceso soberanista. “Algo grave pasa en Cataluña para que los neoliberales y los anticapitalistas nos pongamos de acuerdo, para que la patronal y los sindicatos coincidan, para que los que soportamos los golpes de los Mossos d’Esquadra y los que los dirigen pensemos lo mismo. Desde Madrid no se sabe decodificar esta realidad”.

Implacable con Artur Mas en las sesiones de control del Parlamento autonómico y luciendo siempre camisetas con mensajes de colectivos sociales y otras causas, Fernández admite que figura en varias fotografías al lado de Mas cuando firmó el decreto de la consulta o al acordarse la doble pregunta en diciembre de 2013, pero también puntualiza que en este tiempo he acudido a decenas de manifestaciones contra las políticas de CiU. “Cuando conseguimos que se prohíban las balas de goma, cuando el Parlament sacó una ley contra la homofobia pionera en España y otra contra el fracking y CiU vota con la CUP no se nos critica”, argumenta.

El sueldo mensual neto de los diputados de la CUP asciende a 1.400 euros; todo lo demás lo entregan al partido y periódicamente publican al céntimo los ingresos y gastos que del grupo parlamentario desglosado por conceptos y diputado. Ellos sí se creen lo de una persona, un cargo, y uno de sus diputados renunció al acta de concejal antes de entrar en el Parlament. Hace dos años aprobaron un código ético de que les impide estar más de una legislatura en el cargo. Fernández es el portavoz de un partido en el que no milita. Está adscrito al alma marxista de la CUP y no tiene reparos en mostrar sus discrepancias con sus correligionarios independentistas acérrimos.

La CUP, un partido que no tiene reparos en homenajear a la cantaora Carmen Amaya, pregona la desobediencia civil si el sucedáneo del 9-N vuelve a suspenderlo la justicia, pero admite que la desobediencia ha de ser “social, pública, pacífica y masiva”. No ve a Artur Mas capaz de sacar las urnas a la calle en ese escenario de veto judicial.

Igual que la CUP celebró el nacimiento de Podemos, “porque Madrid estaba huérfano de dispositivos políticos de transformación social”, ahora muestra sus reparos por la evolución de la formación. “Antes del 25 de mayo defendían con ahínco el derecho a decidir. Mal que nos pese, eso cotiza a la baja en España y han modulado su discurso en este tema, porque si introducen la cuestión catalana bajarían en picado sus previsiones”.

ElPaís

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