9 de octubre: una Diada secuestrada por el blaverismo

Francesc Viadel

Miércoles 22 de octubre de 2014

[El 9 de octubre es la Diada Nacional del País Valencià y conmemora la entrada en la ciudad de València de las tropas catalano-aragonesas comandadas por el rey Jaume I en 1238. Es una celebración institucional que tiene su origen directo en 1977, cuando la instauró el Plenari de Parlamentaris. En los meses siguientes, coincidiendo con la redacción y la aprobación de la Constitución de 1978, estalló la llamada “Batalla de Valencia”. En la ciudad de València y en comarca de L’Horta se desarrolló un potente movimiento prefascista basado en una ideologia conservadora, anticatalanista y españolista, el blaverismo (un nombre que deriva de la reivindicación de la franja azul en la senyera del País). La tradicional Procesión Cívica de la ciudad de Valencia se reafirmó como un acto de reivindicación blavera, de nacionalismo español, con actos violentos hasta el punto de llegar a agredir al primer alcalde democrático de Valencia, el socialista Ricard Pérez Casado, o la quema de la bandera del Consell Preautonòmic del País Valencià, colgada en el balcón del ayuntamiento, durante la Procesión Cívica de 1979. La aprobación de la Constitución y del Estatuto de autonomía supuso un respaldo del blaverismo. En 1991, se reintrodujo el Te Deum en la catedral de València, como primera etapa de la Procesión Cívica. Redacción]

Durante los diez años que viví en la ciudad de València sólo uno fui a ver bajar la real Senyera desde el balcón del ayuntamiento. Hasta entonces había tenido bastante con unos minutos de retransmisión melosa de Canal 9 para darme cuenta que yo no era valenciano para aquel sainete. El caso es que en directo, el espectáculo, representado en una plaza medio vacía, me causó una vergüenza indecible debido al protagonismo execrable y tolerado de los pelotones del fascismo local. Sonaron los himnos, el de España y el regional, y, como de costumbre, el blaverismo excitado, parapetado detrás de un muro de policías nacionales, se dedicó a insultar a sus anchas, con naturalidad, a los dirigentes de las formaciones de la izquierda. El acto contó incluso con una misa Te Deum, incorporada a la fuerza en el programa por Rita Barberà, que aquel año ofició el arzobispo Agustín García-Gasco, el más antivalenciano desde Mayoral.

Es muy conocido que los reaccionarios secuestraron la Diada el 9 de octubre de 1979 y que desde entonces no han soltado el bocado. Aquel día el anticatalanismo local, quemando la bandera del Consell que presidía Josep Lluís Albinyana y golpeando salvajemente al alcalde Ricard Pérez Casado, manifestó su voluntad de sobrevivir al cambio de régimen, de imponer a la mayoría el espíritu y las formas de su valencianismo criado bajo el regazo del regionalismo franquista. Un valencianismo de peineta y mantilla, corridas de toros y marcha militar, enmohecido, “genuflexo”, compartido sentimentalmente por el grueso del bloque social conservador y por los partidos formalmente democráticos que lo representan. El blaverismo ha reivindicado públicamente y con orgullo aquel 1979 y otros en los que, a base de golpes y bombas, consiguieron doblegar a las instituciones gobernadas por la izquierda, disuadirlas de practicar cualquier manifestación simbólica que no comulgara con su fanatismo. Hoy todavía, los fascistas, continúan fiscalizando la parte más simbólica de la Diada de los valencianos /1, en el contexto de una sociedad que masivamente contesta en las encuestas sentirse más española que un tricornio y que ese día se va a la playa sin gota de mala conciencia, ni aunque sea por el hecho de haber votado a un partido que ha dejado la caja más limpia que Carracuca. Sólo en las comarcas, en los pueblos, la fiesta, en su vertiente más institucional, ha podido incorporar, discretamente, los elementos propios del valencianismo democrático. Así, en muchos sentidos, el 9 de Octubre no deja de ser la fiesta del blaverismo institucionalizado o asilvestrado, mayoritario a base de reprimir cualquier disidencia, de mantener a la sociedad en la más absoluta inopia.

Muchos opinadores, politólogos de vocación y, en general, ciudadanos benintencionados, se han querido convencer durante los últimos años de que el blaverismo es una cosa del pasado y que ni siquiera la potentísima fiebre soberanista de Cataluña podría resucitarlo en estos momentos. Tengo mis dudas sobre esta apreciación que me parece de un optimismo delicioso. De hecho, creo que determinadas coyunturas nos impiden, bien a menudo, apreciar con toda su magnitud la hegemonía social de unos sectores y de una determinada mentalidad que, para el caso, se define por su españolismo atávico y, por lo tanto, furibundamente antivalenciano. Ya me gustaría.

Tal vez, el 9 de Octubre del año que viene, quizás con un alcalde o una alcaldesa de izquierdas, podremos comprobar fehacientemente si la extrema derecha –la oficial y la disimulada– se ha debilitado tanto como para liberar de su tutela ideológica a las instituciones democráticas y sus manifestaciones institucionales. Comprobar si el blaverismo estará dispuesto, por ejemplo, a dejar que los actos del 9 de octubre puedan adaptarse a una nueva realidad social, cuando menos, a una nueva realidad electoral que, como ya sabemos, es siempre una realidad parcial.

Sea como sea, todo es una pura incógnita. No sabemos, ciertamente, si habrá cambio en la alcaldía y, tampoco, si el nuevo alcalde o alcaldesa suprimirá el Té Deum de Barberà para devolver a la fiesta su sentido civil, si mandará la policía a disolver los pelotones fascistas o si decidirá reivindicar el pendón de la Conquista. –paseado solemnemente por cuatro falangistas de gala en las procesiones de la Diada celebradas durante el franquismo– que sirva al menos para que el periódico Las Provincias no oculte su existencia como de hecho hizo en una edición del 9 de Octubre, en la que publicó un reportaje sobre los elementos simbólicos que se muestran en el museo de la ciudad. Tampoco sabemos si por primera vez en décadas tendremos un presidente o una presidenta de la Generalitat que aquel día sea capaz de decir algo más que los ya acostumbrados discursos vacíos de contenido… si la podremos o lo podremos ver por una televisión pública de los valencianos. La única certeza es que sin un cambio el país continuará secuestrado por los guardas de unas esencias patrias que han resultado ser terreno abonado para el atraso y la miseria, que sin un cambio todo continuará igual, desoladoramente igual.

9/10/2014

http://opinions.laveupv.com/francesc-viadel/blog/9-doctubre-una-diada-segrestada-pel-blaverisme?id_butlleti_enviar=628&utm_source=butlleti_blog&utm_medium=butlleti&utm_campaign=9-doctubre-una-diada-segrestada-pel-blaverisme

Francesc Viadel es autor de “No mos fareu catalans”, un ensayo sobre el ’blaverismo’ como divisa de la derecha valenciana.

Traducción: VIENTO SUR

1/Esvàstiques en el 9 d’Octubre: http://www.laveupv.com/noticia/11477/esvastiques-en-el-9-doctubre?id_butlleti_enviar=629&utm_source=butlleti_article&utm_medium=butlleti&utm_campaign=esvastiques-en-el-9-doctubre

VientoSur

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