A las heroínas y a los héroes de lo cotidiano: a nuestros trabajadores sanitarios, por Sara Porras

12 oct 2014

Sara Porras Sánchez
Coordinadora de Mujeres de IU Comunidad de Madrid @sara_en_madrid

¿Se imaginan Uds. que en su centro de trabajo tuvieran que enfrentarse a una enfermedad contagiosa que, según las personas expertas, tiene una mortalidad de entre el 60 y el 90%? ¿Se imaginan que para hacerlo no tuvieran la formación suficiente ni los medios adecuados? A esto es a lo que se están enfrentando las mujeres y hombres que trabajan en el Hospital Carlos III de Madrid. Un centro amenazado y en proceso de desmantelamiento que en poco tiempo ha sufrido el azote constante de los recortes, visto cómo se han cerrado salas y servicios, entre otras las habitaciones de presión negativa – utilizadas para tratar las enfermedades infecciosas- y que justo hoy, el Presidente – no electo- de la Comunidad de Madrid oficializa su desmantelamiento.

Madrid tiene el terrible honor de ser la primera ciudad europea en la que se registra un contagio de ébola. No fue suficiente para las autoridades del Ministerio de Sanidad que en reiteradas ocasiones se advirtiese de que los hospitales madrileños no cumplían con las medidas necesarias para atender éste tipo de enfermedades. La megalomanía de una Ministra, con problemas para diferenciar entre un coche de gama normal o uno de gama alta, se antepuso ante cualquier otra consideración, incluidas las de la OMS que exige que el nivel de protección de seguridad del hospital sea P4, mientras que el Hospital Carlos III sólo posee el nivel de seguridad P3. La gestión que siguió a este primer contagio fue asimismo vergonzosa, siendo denunciada por las trabajadoras y trabajadores de sanidad la falta de medios, de recursos, de formación y de medidas de protección suficientes.

Hemos visto en muchos de los telediarios – a excepción del de las televisiones públicas- trajes absolutamente deficientes que aislaban las extremidades con cinta aislante, hemos sabido también que no se cumplieron los protocolos en la supervisión de los sanitarios al desvestirse, elemento obligatorio para evitar errores que pongan en riesgo la vida de las personas responsables de cuidar de nuestra salud.

A pesar de los reiterados fallos, de la ausencia de protocolos y equipos suficientes para hacer frente a esta terrible crisis sanitaria, el gobierno del Partido Popular y sus voceros han tenido la ominosa desfachatez de pretender culpar a la auxiliar de enfermería que, recordamos, se presentó voluntaria para atender al religioso repatriado. Cualquier país normal, cualquier gobierno decente, habría puesto en marcha un dispositivo para informar puntualmente a la población sobre la gestión que se hace para evitar riesgos. Cualquier país normal, cualquier gobierno decente habría exigido responsabilidades políticas por la ineptitud de una gestión que ha puesto en riesgo la vida de sus ciudadanos. No nos confundamos, si ahora Teresa está luchando por su vida es consecuencia directa de las decisiones políticas del gobierno, no es una plaga divina, no es algo inevitable.

Las heroínas y los héroes de lo cotidiana, aquellos que se enfrenta día a día a la enfermedad y a la muerte y la transforman en vida están dando hoy, como siempre, un ejemplo de dignidad y de valor. Nuestras trabajadoras sanitarias son, sin duda, una de las mejores muestras de la importancia de los servicios públicos en nuestro país. Por eso no vamos a permitir que se culpe a los trabajadores en un estado en el que si se accidenta el Alvia es culpa del maquinista, si se estrella el avión es culpa del piloto o si descarrila el metro de Valencia es responsabilidad de sus trabajadores. Aquellas que se levantan día a día y cumplen con su deber aun sabiendo que al hacerlo ponen su vida en riesgo es un reflejo de todas las personas dignas que se merecen un gobierno mejor. Que se merecen unas responsables públicas que estén a su altura y que no se merecen a una oligarquía política que no tiene ningún aprecio por su población y que se han enriquecido durante años a costa de nuestro empobrecimiento.

Ojalá cuando se escriba la historia, a estos años los llamen los años del saqueo porque eso significará que las gentes dignas de este país recuperaron el gobierno. La diferencia entre la vida y la muerte son unos servicios públicos que en vez de atendernos por el tamaño de nuestra cuenta corriente, nos atiendan por las necesidades que tenemos. La salud es un problema del conjunto de la población, no se puede tener una sociedad sana sino se garantiza la atención sanitaria de calidad a todas y a todos. Hace mucho que los de arriba decidieron que antes de cualquier otra consideración lo primero era garantizar sus propios intereses, por eso es el momento de ganar. Es el momento de construir una democracia en la que las mayorías sociales decidamos cómo queremos vivir y no un régimen en el que si algo falla no dudará en echarnos la culpa a nosotras.

Hoy Teresa lucha por su vida mientras cientos y miles de trabajadoras y trabajadores sanitarios continúan día a día haciendo su trabajo, cumpliendo con su deber, salvando nuestras vidas y garantizando nuestro bienestar. Ésa es la España que nos merecemos, la de las personas honradas, sin tarjetas black  y con decencia y esa es la España que debemos reconstruir.

A mi padre, enfermero incansable, que me inculcó el amor por el servicio público y que me enseñó que no hay justicia posible si no tenemos garantizado el derecho a la salud para todas y todos.

Público

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