“La crisis de Ucrania es culpa de Occidente”, según John Mearsheimer, por Alfredo Jalife-Rahme

 

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Tropas ucranianas –pro OTAN– abandonan la localidad de Starobesheve –en el oriente de Ucrania–, ayer, ante el éxito militar de las fuerzas pro rusas. Foto Ap

Son tiempos de catarsis literarias en medio del declive relativo de Estados Unidos (EU) y de su orfandad de pensadores geoestratégicos. Quizá su desfalleciente política exterior unipolar sea reflejo de ello, al no saber ajustarse a la realidad tripolar jerárquicamente cupular del siglo XXI, acompañado por Rusia y China.

EU –país teleológica y ontológicamente unipolar– no sabe operar en la multipolaridad y ello provoca la inestabilidad global.

La mediocridad de la asesora de Seguridad Nacional de Obama, Susan Rice, de 49 años, es inagotable con su patético teorema del R2P (responsabilidad para proteger) en medio de atrocidades planetarias no pocas veces inducidas por las exacciones de Wa­shington que sirven de coartada para intervencionismos selectivos bajo el axioma de los derechos humanos asimétricos y correlacionados a los intereses geopolíticos de la Casa Blanca.

La excepcionalidad mesiá­ni­ca de EU, la nación indispensable, fue proferida por la clintoniana Madeleine Albright, de 77 años, más atenta a los negocios de Albright Stonebridge Group (http://goo.gl/FxUdnU), con Samuel Berger (ex asesor de seguridad nacional de Clinton) como puente pecuniario con el mayor banco de inversiones del planeta BlackRock/Blackstone y su asociado Evercore Partnership (http://goo.gl/nB3ag4 ).

Antes, otra Rice, Condy, asesora en seguridad nacional de Baby Bush, había expuesto su tropismo petrolero en representación de Chevron.

Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional de Carter (86 años), después de haber aceptado que la unipolaridad de EU cesó de ser eterna ante el derrumbe de su sociedad tecnotrónica y trilateral, sepultada por las derrotas militares en Irak y Afganistán –que versa en su reciente libro (http://goo.gl/DQcsWa )–, sigue aferrado a su obsesiva rusopatía y su caduco esquema de despedazar a Rusia carcomiendo a Ucrania ( El gran tablero de ajedrez mundial, de hace 17 años).

Antes de la novata Susan Rice, Obama tuvo como asesores de Seguridad Nacional al general de Marina James Jones (70 años), que pasó desapercibido, y luego al abogado Thomas Donilon (59), quien fue miembro del comité directivo del Grupo Bilderberg (http://goo.gl/vkxCI), a mi juicio, muy abultado y en caída libre desde el desplome de la Comisión Trilateral (EU/Europa/Japón).

El kissingeriano Brent Scowcroft (89 años) –con fuertes lazos con Lockheed Martin y la Iglesia de los mormones– es una mala copia del original: operador burocrático de ideas ajenas cuya figura fue aplastada por dos gigantes hoy anacrónicos: por Kissinger y Brzezinski.

Hoy Scowcroft navega en la irrelevancia en el Aspen Strategy Group que copreside con Joseph Nye (http://goo.gl/WqPBMP ).

Kisssinger (91 años) –del grupo financierista israelí-estadunidense Rockefeller–, uno de sus últimos mohicanos enmohecidos, se suelta con voluminosos cuan repetitivos libros y hoy en el ocaso de su vida anda en búsqueda del Orden mundial (obra que sale el 9 de septiembre) perdido en los escombros del Tratado de Westfalia de hace 366 años.

Quedan pocos pensadores lúcidos en EU de la talla del académico John Mearsheimer (67 años), profesor de ciencias políticas en la Universidad de Chicago y uno de los grandes teóricos de las relaciones internacionales de la escuela del neorrealismo, quien tiene en su haber el best seller El lobby israelí y la política exterior de EU. Su más reciente libro expone por qué los líderes mienten: la verdad sobre las mentiras en política internacional.

En un extenso ensayo para la revista bimensual Foreign Affairs, del muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores, Mearsheimer inculpa a Occidente de la crisis de Ucrania: “las alucinaciones liberales que provocaron a Putin (http://goo.gl/EFe6Ir )”.

Cita la entrevista premonitoria del genial diplomático estadunidense George Kennan de hace 16 años (http://goo.gl/jUusSJ) –quien implosionó conceptualmente a la URSS mediante su célebre política de contención (containment policy)–, donde fustigó la ratificación de la expansión de la OTAN por el Senado de EU: “Es el principio de una nueva guerra fría; los rusos reaccionarán gradualmente y en forma adversa. (…) Es un error trágico (¡supersic!). No existe razón para ello. Nadie estaba amenazando a nadie”.

Mearsheimer diagnostica que EU y los líderes europeos cometieron un error al tratar de convertir a Ucrania en un bastión occidental en las fronteras de Rusia. Expone la afrenta occidental del equipo de Clinton, refrendada por Baby Bush”, y el financiamiento de 5 mil millones de dólares desde 1991 por EU para convertir a Ucrania en un satélite estadunidense mediante la ingeniería social occidental, como confesó Victoria Nuland (http://goo.gl/KdxiM2 ) –esposa del neoconservador straussiano israelí-estadunidense Robert Kagan–, asistente en el Departamento de Estado para asuntos europeos y euroasiáticos.

A juicio de Mearsheimer, Occidente creó la crisis y no era difícil vislumbrar la reacción de Rusia después de su clara advertencia en Georgia en 2008: basta imaginar el ultraje estadunidense si China construye una alianza militar impresionante que intente incluir a Canadá y México (sic) en sus dos fronteras.

Después de todos los agravios perpetrados contra Rusia –desde el golpe contra el presidente Yanukovych, pasando por la participación de Victoria Nuland y el senador John McCain en las manifestaciones contra el gobierno depuesto, hasta el injerencismo flagrante del embajador estadunidense Geoffrey Pyatt, ya no se diga la intromisión del vicepresidente Joseph Biden y el director de la CIA John Brennan–, la imposición del fondomonetarista Arseniy Yatsenyuk como primer ministro, no le quedó más remedio a Putin que reaccionar: Putin juega rudo.

Mearsheimer respeta a Putin y, al contrario de su satanización por los multimedia anglosajones, es un estratega de primera clase que debe ser temido y respetado por cualquiera que lo desafíe en política exterior. Considera que hasta ahora la respuesta de Putin a los eventos ha sido defensiva, no ofensiva.

Para Mearsheimer lo ocurrido es geopolítica elemental: las grandes potencias siempre son sensibles a amenazas posibles cerca de su hogar y sugiere que EU y sus aliados europeos deben abandonar su plan para occidentalizar Ucrania y en su lugar tener como objetivo convertirlo en un amortiguamiento neutral.

Concluye que EU algún día necesitará la ayuda de Rusia para contener el ascenso de China. La presente política de EU solamente empuja más cerca a Moscú y a Pekín. La presente política de EU y sus aliados europeos exacerbará las hostilidades con Rusia y devastará a Ucrania en el proceso en el que todos saldrán perdedores.

Otra opción es crear una Ucrania próspera, pero neutral que no amenace a Rusia y que permita a Occidente reparar sus relaciones con Moscú y así todos ganan.

Mientras en Occidente “se consagran a discutir bizantinamente qué hacer con Rusia, el zar Putin en forma imperturbable acaba de recordar a la OTAN que Rusia es una superpotencia nuclear con la que no se juega (http://goo.gl/uaOaq9).

LaJornada

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