¿Un toque de atención de la economía alemana o algo más serio?

Por Gabriel Flores | Las bases sobre las que se sustenta la economía alemana parecen hoy algo más frágiles que ayer y Alemania puede haber dejado de ser la locomotora del crecimiento de la eurozona que todo el mundo esperaba…

| Gabriel Flores | 13 Agosto 2014 – 19:57 h.

Durante los primeros meses de 2014 reinó el optimismo. La segunda recesión de la eurozona había quedado atrás y las previsiones de la economía alemana reflejaban un crecimiento del PIB relativamente importante en 2014 (cerca del 2%; es decir,  un par de décimas por encima del previsto en EEUU) y una cifra más alta en 2015.

En los últimos meses ese optimismo se ha disipado. La actividad en la construcción ha retrocedido; el ritmo de crecimiento de la producción industrial disminuye; el Índice de Confianza Económica en Alemania elaborado por el Centro de Investigación Económica Europea (ZEW) volvió a descender en agosto y se sitúa por debajo del nivel alcanzado en diciembre de 2012; el Índice de Clima Empresarial (elaborado mensualmente  por el Ifo Institute) disminuyó los meses de mayo, junio y julio; exportaciones, importaciones, pedidos industriales y ventas minoristas cayeron en mayo en relación al mes anterior; la situación y las expectativas empresariales también se han deteriorado en los últimos meses (Resultados del Ifo Business Survey de julio de 2014)

Los vientos siempre volubles de las previsiones económicas han cambiado de sentido. Las bases sobre las que se sustenta la economía alemana parecen hoy algo más frágiles que ayer y Alemania puede haber dejado de ser la locomotora del crecimiento de la eurozona que todo el mundo esperaba. Hasta tal punto la situación parece grave que Jens Weidmann (presidente de un Bundesbank que se ha convertido en el insensato guardián del rigor y  la ortodoxia monetaria empeñado en poner trabas a la tarea del BCE en los dos últimos años para impedir la implosión del euro) reconocía que la inflación era muy baja, estaría durante bastante tiempo muy por debajo del objetivo marcado al BCE (cercano, pero inferior al 2%) y que en tal situación aumentos salariales del 3% no deberían ser mal recibidos. Su pretensión, no compartida por el Gobierno alemán, era desatascar la situación de la economía alemana y, de paso, la del conjunto de la eurozona.

En los próximos días, la Oficina Federal de Estadística alemana (DESTATIS) dará a conocer la estimación de crecimiento del PIB alemán en el segundo trimestre de 2014. Todo indica que la actividad económica se desacelera en Alemania y que frente a un crecimiento del 0,8% en el primer trimestre de este año, el crecimiento del producto en el segundo trimestre será muy inferior, mucho más cercano al 0% del primer trimestre de 2013 que a los crecimientos positivos logrados en trimestres posteriores. Hay muchas razones y de peso que llevan a pensar que tanto en la segunda mitad de 2014 como en 2015 la evolución de la economía alemana podría ser mucho más mediocre y precaria de lo esperado hasta ahora.

De confirmarse esa revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de la economía alemana, tres preguntas al menos salen al paso de inmediato. ¿A qué se debe ese inesperado empeoramiento? ¿Es un fenómeno coyuntural o una tendencia de mayor calado? ¿Qué impactos económicos y políticos cabe esperar de esa fragilidad del crecimiento alemán?

Antes de intentar contestar a esas preguntas convendría saber si finalmente se confirman los malos augurios y cuál es la intensidad de la desaceleración del crecimiento en el segundo trimestre de este año. No obstante, a la espera de conocer con exactitud ese dato del crecimiento trimestral del PIB alemán y de emprender con más tiempo un análisis algo más pormenorizado y ponderado de lo que pudiera reflejar (examen que espero llevar a cabo en los próximos días y del que daré cumplida cuenta en Nuevatribuna.es) no está de más adelantar algunas reflexiones que permitan contextualizar ese probable empeoramiento de las previsiones de crecimiento económico y dar unas primeras pistas sobre las posibles respuestas a los interrogantes planteados.

Primer interrogante. ¿A qué se debe el empeoramiento de la economía alemana?

Hay mucho interés en señalar los últimos acontecimiento geopolíticos acontecidos en Ucrania y al impacto ocasionado por esta crisis en el crecimiento de Alemania y en el conjunto de la UE, muy especialmente en los Estados miembros más cercanos a Rusia. El impacto negativo es innegable, pero durante el segundo trimestre de 2014 puede considerarse todavía muy débil. Como todo el mundo sabe, las consecuencias económicas más graves están aún por llegar y serán ocasionados por un bloqueo comercial mutuo entre Rusia y la UE que no parece que pueda beneficiar a nadie y que perjudica a todas las partes implicadas.

Más adecuado parece señalar como causa principal del debilitamiento de la economía alemana la lamentable situación en la que la austeridad y las políticas de devaluación salarial han dejado a buena parte de la eurozona; no sólo a los países rescatados de una u otra forma, sino también a dos Estados miembros tan destacados como Italia y Francia, que limitan las exportaciones alemanas a la eurozona. La debilidad alemana perjudica al resto de la eurozona, al igual que la debilidad económica del resto de la eurozona perjudica a Alemania. Y a ese efecto contagio de buena parte de la eurozona habría que sumar la debilidad del comercio mundial y algunos factores particulares (envejecimiento de la población, por ejemplo) que hacen poco probable que las tasas de ahorro de los hogares o la inversión en vivienda puedan mantener en el tiempo las altas tasas que han propiciado el crecimiento alemán en los últimos trimestres.

Segundo interrogante. ¿Es un fenómeno coyuntural o una tendencia de mayor calado?

Los factores que limitan el crecimiento de la economía y el comercio mundial y que afectan tanto a las economías emergentes como a gran parte de las economías de la OCDE no van a desaparecer a corto o medio plazo. Por ello, las previsiones de crecimiento de la economía mundial que señalaban una aceleración del crecimiento en 2015 respecto al de 2014 (2,6% en 2014 y 3,2% en 2015 según últimos datos disponibles de Consensus Forecast) deberán ser muy probablemente corregidos a la baja en próximas estimaciones.

La situación de la economía alemana no parece limitarse a un traspié coyuntural o local, antes bien me inclino a pensar que la desaceleración forma parte de una tendencia de cierto calado que tardará meses en superarse.

Tercer interrogante. ¿Qué impactos económicos y políticos cabe esperar de esa fragilidad del crecimiento alemán?  

Algunos efectos son bastante simples y fáciles de vislumbrar; por ejemplo, los que tienen que ver con la reacción de los mercados financieros y que ya han empezado a conocerse: los intereses de las deudas soberanas de bajo riesgo bajarán aún más; por el contrario, los costes financieros asociados a las deuda soberanas y a las deuda privadas de los países del sur de la eurozona aumentarán; las cotizaciones de las bolsas europeas continuarán el curso bajista iniciado hace apenas un mes.

Otros efectos económicos negativos son tan seguros como difíciles de calibrar. Más aún porque no se refieren solo a la eurozona o al conjunto de la UE, se producen en un contexto más general en el que es la intensidad del crecimiento de la economía mundial la que está en entredicho.

Las repercusiones políticas, también pueden ser de envergadura. En primer lugar, la reacción del Gobierno alemán ante las diversas propuestas que sus socios ya han puesto sobre la mesa y para los que el deterioro de la economía alemana supone nueva munición para conseguir un compromiso más fuerte de Alemania en el sostén del crecimiento y el aumento de la inversión, un relajamiento de los objetivos de reducción del déficit público en la economías con mayores desequilibrios en sus cuentas públicas o un mayor margen para que el BCE lance con rapidez nuevas iniciativas no convencionales de expansión monetaria y, en último término, de mutualización de deuda.

La socialdemocracia que aún gobierna en grandes países de la eurozona (Francia, Italia y, no se olvide, la propia Alemania) ha comenzado a reunirse de forma discreta y a reivindicar de forma aún más discreta un mayor compromiso y responsabilidad a Ángela Merkel, pero es más que dudoso que la ausencia de una estrategia socialdemócrata alternativa a la propuesta conservadora de salida de la crisis que sigue en marcha, sus evidentes carencias ideológicas, el debilitamiento progresivo de buena parte de sus tradicionales bases sociales y electorales no permiten albergar muchas esperanzas de la eficacia de su envite.

La vertiente española de ese impacto político tiene un inevitable componente electoral. Rajoy contaba con un crecimiento de la economía española precario, pero que le permitiera vender la idea de una reactivación que ya está permitiendo generar empleo neto, por ínfimo e indecente que sea. El guión no va a cambiar, pero su eficacia, con tasas de crecimiento aún menores que las que esperaba, va a disminuir muchos enteros. Existen las fuerzas políticas que conjuntamente pueden respaldar gobiernos progresistas y de izquierdas con programas de progresistas y de izquierdas que alivien la situación de los sectores sociales más golpeados por la crisis, rompan con las políticas de austeridad y se comprometan a generar empleo y revertir los recortes, privatizaciones y derechos perdidos durante la pesadilla del Gobierno de Rajoy. Y existen los apoyos sociales y electorales para respaldar ese cambio político.

Solo falta o está por ver si existe suficiente inteligencia política para no echar al PSOE en los brazos del PP (los apoyos a la gran coalición apenas han empezado a dar sus primeros pasos) y construir una red de confluencia política suficientemente amplia y sólida, antes o después de las diferentes contiendas electorales, que permita reflejar las aspiraciones mayoritarias de la sociedad en gobiernos y acción política gubernamental de izquierdas.

NuevaTribuna

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