Por qué el cambio de horario afecta a nuestro metabolismo

España utiliza un huso horario que no le corresponde geográficamente: se alinea con Europa central cuando debería tener una hora menos, como Portugal y Reino Unido

Los especialistas advierten de que tener un horario legal que no se corresponde con el natural afecta al sistema circadiano, que controla los metabolismos

Los cambios en verano y en invierno corresponden a una directiva de la UE para ahorrar energía

Imagen de satélite que muestra la cercanía del huso horario español al inglés

Imagen de satélite que cuestiona que el huso horario español no sea el inglés

Hola horario de verano. Aunque El Corte Inglés haya anunciado hace tiempo la llegada de la primavera, en realidad el cambio de estación ha sido el pasado 20 de marzo. Menos de dos semanas después hace su arribo el verano, al menos en cuanto a cómo se rigen las horas del día, y con él todos perdemos una hora de sueño.

En realidad le sucede lo mismo a todos los ciudadanos de la Unión Europea. Y la razón es una directiva de 2001 puesta en marcha con el objetivo de ahorrar energía optimizando al máximo la iluminación solar. Según las estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro Energético (IDAE), el potencial de ahorro en iluminación por el adelanto de las manillas del reloj puede representar un 5% del consumo eléctrico en iluminación, equivalente a 300 millones de euros, de los que 90 corresponderían al potencial de los hogares. es decir, unos seis euros menos de gasto en cada casa.

Los detractores de que los relojes se adelanten una hora alegan que genera efectos perjudiciales sobre la salud humana y animal, ligados a la secreción de melatonina, una proteína que regula el sueño. Y varias organizaciones creen que esta medida es insuficiente e incluso contradictoria con otras actuaciones del Gobierno en el terreno de la eficiencia.

Una historia que viene de lejos

Aunque la idea de atrasar o adelantar la hora data de la crisis del petróleo de 1974, en la que los países tiraban de creatividad para ahorrar costes, los problemas de España con el horario vienen de más lejos. Y que esta medida adoptada por la UE no hace más que complicar.

En un mapamundi con división de husos horarios se puede ver claramente que el meridiano de Greenwich pasa por Castellón. Prácticamente toda España queda al oeste de esta línea imaginaria, encuadrada por tanto en la misma franja que el Reino Unido o Portugal y diferente a la del resto de Europa.

Sin embargo, España sincroniza su reloj con los países de Europa central y no con los de su tramo horario. Y aquí empiezan los desajustes. Unos desajustes que, entre otras cosas, hacen que durmamos poco –50 minutos menos que la media europea– lo que muchos especialistas relacionan con problemas de salud provocados por desarreglos del sistema circadiano y el reloj molecular de las personas. Por eso varias asociaciones piden que España regrese al horario occidental que utilizan lusos y británicos. También en Canarias, que seguiría una por detrás del continente.

“Necesitamos hacer caso a la naturaleza”, explica Nuria Chinchilla, catedrática en el IESE y presidenta del Centro Internacional del Trabajo y la Familia. “Nosotros seguimos el sol, comemos según él, tenemos que ponernos en nuestro sitio y no seguir el sol de Alemania o Francia”, ahonda. Históricamente, España sí tenía fijada su hora por detrás de Europa, en consonancia con su huso horario. Pero toda Europa adaptó el horario central de Alemania en 1942, en plena II Guerra Mundial, para evitar ‘confusiones’ durante los bombardeos y demás acciones bélicas. Inglaterra y Portugal deshicieron el cambio tras la guerra y volvió a su huso. España no. Y desde entonces vamos una hora mal en invierno y dos en verano cuando se cambia la hora.

Tenemos una hora en el reloj, pero el sol dice que es otra. “Seguimos comiendo a la una hora solar, que en nuestro reloj son las dos en invierno y las tres en verano”, explica Chinchilla. Con la cena pasa igual, las ocho solares se convierten en las nueve o las diez, según la estación.

Los horarios laborales influyen directamente en la forma en que se organiza el día. Contra el mito –como el de la siesta, que aún aparece en algunos artículos extranjeros y que ilustraba un reportaje del NYT de febrero que causó revuelo en las redes españolas– aquí se trabaja una media de 1.690 horas al año, más que Alemania (1.413) u Holanda (1.379) por ejemplo. Y producimos menos, está reflejado en la estadística. Los defensores de estas tesis sostienen que el cambio también tendría impacto económico. Buena parte de culpa la tiene la comida, reitera Chinchilla. “Ganaríamos hasta una hora y media al día si comiéramos a la una y dedicáramos a ello sólo una hora y no dos”, sostiene citando un estudio que ha realizado sobre la cuestión.

Según Jos Collin, otro de los comparecientes en la subcomisión del Congreso que estudia los cambios horarios y colaborador del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE, no supondría para nuestro país ningún coste económico y, sin embargo, permitiría “más conciliación, mayor productividad, menos accidentes laborales y de tráfico, mejor descanso y menor fracaso escolar”.

La clave, el reloj molecular

La falta de sueño y el desfase horario provocan desajustes en el sistema circadiano y el reloj molecular. El cuerpo se desincroniza, una alteración que puede provocar insomnio, obesidad, trastornos del sistema inmunológico, etcétera. Desde sus inicios, el ser humano se adaptó al ambiente organizándose en ciclos de vigilia y sueño según la luz y la oscuridad. Para adaptarse a estos cambios desarrolló el llamado sistema circadiano, que permite generar unos ritmos en el organismo para que el cuerpo se adapte a cada momento. Esto se realiza a través de “una especie de reloj biológico ubicado en el sistema nervioso central”, explica el doctor Gonzalo Pin, de la unidad del Sueño del hospital Quirón de Valencia.

El reloj recibe señales del ojo y en función del indicador que recibe –más o menos luz– indica a cada célula del organismo la hora aproximada del día que es para que adapte su actividad. “Cuando el ser humano no está adaptado a su ambiente se produce la desincronización. Se pierde el equilibrio entre el estado del organismo según el momento del día y los mensajes que recibimos del ambiente”, explica Pin. Y aquí empiezan los problemas.

“Cada vez es más frecuente esto porque estamos inmersos en la sociedad del 24/7 [activos 24 horas al día, siete días a la semana]. Genera que el sistema inmunológico tengan que hacer esfuerzos suplementarios para adaptarse a estos cambios”, expone el doctor. Un 30% de la población tiene trastornos relacionados con el inicio o conciliación del sueño, argumenta.

Unos trastornos que pueden agravarse si, además de usar un horario que no se corresponde con el solar, lo movemos, para atrás y para adelante, dos veces al año.

eldiario.es

y

web de SueloSolar

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