El mundo post Crimea: el mandarín Xi en Europa y el zar Putin en China, por Jalife-Rahme

 

Alfredo Jalife-Rahme

El presidente ruso Vladimir Putin se dirige a los participantes del Congreso de Cultura Física y Deportes, en el Kremlin, el lunes 24 de marzo. Foto Ap

El presidente ruso Vladimir Putin se dirige a los participantes del Congreso de Cultura Física y Deportes, en el Kremlin, el lunes 24 de marzo. Foto Ap

En vísperas de la reunión del mandarín Xi Jingping y Obama en Holanda –al margen de la Cumbre de Seguridad Nuclear (NSS, por sus siglas en inglés), a la que asisten 53 países, entre ellos los BRICS y el G-7–, la invaluable bomba cibernética de Edward Snowden, asilado en Rusia, filtró al portal alemán Der Spiegel –quizá con la intención traviesa y aviesa de indisponer a Xi con Obama– que la ominosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en ingles) de Estados Unidos espía a los políticos chinos y a sus empresas, primordialmente su firma de Internet Huawei.

Es la primera vez que participa en la NSS el mandarín Xi, quien realiza su primer periplo a Europa, programado con antelación a la delicada crisis post Crimea, con una duración total de 11 días, donde visita(rá) Holanda (cuatro días: con dos días en la NSS); Francia (dos días); Alemania (tres días), y Bélgica (dos días).

Mientras Michelle Obama sigue con su familia la gira en China, el rotativo oficioso chino Global Times (25/3/14) exhibe una foto de Obama –exageradamente sonriente, quizá para ocultar su malestar interno por el fracaso en Ucrania– con Xi, muy precavido.

El rotativo chino comenta que por primera vez China elaboró su concepto de seguridad nuclear y cita un reporte estadunidense de la Iniciativa de Amenaza Nuclear (NTI, por sus siglas en inglés) sobre las 2 mil toneladas métricas de material nuclear para armas que permanecen dispersas en centenas de sitios en el planeta, muchos de ellos pobremente asegurados.

La agenda de la charla entre Xi y Obama fue muy extensa: edificación de un nuevo tipo de relaciones entre las superpotencias, la situación en Ucrania, la desnuclearización de la península coreana, las disputas marítimas y el cambio climático, con un acuerdo relevante: el mayor centro de seguridad nuclear de la región Asia Pacífico, que funcionará en 2015 y será financiado por Estados Unidos y China.

Las declaraciones oficiales de China son sumamente prudentes en referencia al sensible contencioso de Ucrania, al contrario de sus multimedia, que son muy críticos de la humillación de Washington a Rusia, cuando Global Times se da el lujo de pontificar a Estados Unidos que deberá “moderarse (sic) para evitar una nueva guerra fría”.

Obama, quien parece haber terminado prematuramente su segundo mandato (en inglés se le dice lame-duck), paga el costo de su polémico programa médico (Obamacare), lo cual se reflejó en una reciente elección en Florida donde ganó el Partido Republicano.

Peor aún: el casi infalible encuestador Nate Silver predice que hoy las tendencias favorecen al Partido Republicano para capturar el Senado, lo cual otorgaría mayoría en las dos cámaras a los rivales de Obama, quien pudiera ser humillantemente defenestrado (impeachment).

La retórica es exageradamente belicosa en los altos mandos de Estados Unidos y Gran Bretaña, en notorio contraste con sus opiniones públicas antibélicas, que no desean ir a una guerra contra Rusia por Ucrania, al unísono de Alemania, donde 54 por ciento de encuestados se resigna a la anexión de Crimea.

Sería antigravitatorio que Xi consiga moderar los ánimos bélicos de Estados Unidos, en lugar de Alemania: la indicada por su codependencia y que ha adoptado en forma inverosímil una línea muy dura contra Rusia, postura autoflagelante que hasta la prensa china considera puede significar la perdición de Europa, sin contar las imprecaciones del megaespeculador George Soros, quien vaticina la desaparición de la eurozona en 25 años debido a su estancamiento (RT, 12/3/14).

La impotencia doméstica de Obama, empecinado en aislar a Rusia ( v. gr. las sanciones y su expulsión del disfuncional G-8), sin llegar todavía a una colisión que sería inevitablemente nuclear, está arrojando a Moscú a los brazos de China.

Rusia se prepara a una fuga de capitales de 70 mil millones de dólares en el primer trimestre de este año (el año pasado salieron 63 mil millones de dólares), según el viceministro de economía, Andrei Klepach, quien advirtió la temible estanflación (BBC, 24/3/14).

Putin no asistió a la NSS en Holanda, donde fue representado por su canciller Sergei Lavrov, pero no se perderá de visitar China en mayo.

A juicio del británico Christopher Booker, el fiasco ucranio marca el fin del sueño imperialista (¡supersic!) de la Unión Europea (UE), que no sabe qué hacer. Hablan tonterías sobre una Rusia aislada y unas sanciones enfocadas.

Timothy Heritage y Vladimir Soldatkin, de la agencia británica Reuters, observan que Putin mira a Asia cuando Occidente amenaza aislar a Rusia.

Heritage y Soldatkin señalan que el zar geoenergético global Vlady Putin envió a Tokio a Igor Sechin, mandamás de la mayor petrolera rusa Rosneft –quien también visitó India, Vietnam y Sudcorea–, donde advirtió que si Europa y Estados Unidos aíslan a Rusia, Moscú buscará en Oriente nuevos negocios, acuerdos de energía, contratos militares y alianzas políticas. ¡El mundo post Crimea!

¿Venderá Rusia sus jets de combate Sukhoi SU-35 a China?

El as bajo la manga del zar ruso es el gasoducto de Rusia a China que puede ser concretado durante su visita a Pekín en mayo, cuando será capaz de mostrar que el poder global se trasladó a Oriente y que no necesita a Occidente.

¿Cómo puede estar aislada Rusia cuando mantiene óptimas relaciones con China e India: dos potencias geoeconómicas y nucleares con más de la tercera parte de la población del planeta?

Timothy Heritage y Vladimir Soldatkin afirman que una fuerte alianza le asienta a Rusia y China, como contrapeso a Estados Unidos. Ni siquiera mencionan a la UE, cada vez más desbrujulada y que quizá sucumbió a la trampa de Estados Unidos. ¿“ Fuck Europe”?

El gran triunfador de la fractura europea que se subsume en el nuevo muro de Kiev (ver Bajo la Lupa, 23/3/14) está resultando China, que puede sustituir en Rusia las inversiones de Occidente en infraestructura, energía y materias primas, lo cual constituye un grave error geoestratégico del continente de Carlomagno, sumido en la mediocridad hedonista y arrastrado a su autodestrucción por el nihilismo global de Estados Unidos, que padece ahistoria.

Cuando el eurófilo zar Pedro el Grande fundó San Petersburgo –capital del imperio ruso mas de 200 años y ciudad natal de Vlady Putin, Medvediev y Sechin– como ventana a Occidente, nunca se imaginó que Europa rechazara la inserción natural de Rusia en su seno para arrojarla a los brazos de China.

En el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia, Europa puede resultar perdedora y China triunfadora.

LaJornada

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