Conociendo la realidad neoliberal con dos artículos de Julio Anguita

Julio Anguita: Pangloss Montoro, entre el desmesurado optimismo y el drama de la complacencia

Julio Anguita
9:40 – 1/11/2013
montoro-sonriente

El ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro.

Voltaire (1694-1778) publicó en 1759 la novela Cándido. En la obra era figura central Pangloss, cuya característica era su desmesurado y permanente optimismo porque, según él, todo acontecimiento personal positivo o negativo, redundaba al final en beneficio del sujeto que lo protagonizaba.

El panglossianismo, pues, es una actitud de permanente instalación en la autocomplacencia. Y no de otra manera pueden calificarse las intervenciones del ministro Montoro en el Congreso o en el Senado. Cualquier décima que suponga un freno o una ligera remontada dentro del decrecimiento en el que nos hallamos es celebrada como la anunciación venturosa e incontestable de una recuperación.

Pero todas estas delirantes profecías, acompañadas de la pueril vanidad de considerarse como guía y faro para el resto de Europa, no osan extender la gozosa nueva a la concreción del número de puestos de trabajo que se van a crear. Eso se deja para un futuro que cada año se pospone para el siguiente.

¿En qué se basan los vaticinios del Gobierno?

Creo que la ciudadanía se merece una detallada explicación sobre los fundamentos en que se basan los vaticinios gubernamentales. Disminuidos el consumo, la inversión y el gasto público hay que saber en qué otros parámetros o en qué tiempo de los presentes comenzará la tan pregonada recuperación. Pero me temo que al hablar de recuperación el panglossiano Montoro se refiera a determinadas operaciones de capital especulativo que como lluvia munífica contabilicen en cifras globales pero sin incidencia sobre la economía real y el empleo.

Para desesperación de la razón, el sentido común y la inteligencia. El Gobierno recibe cada mañana, convenientemente edulcorados la consigna, el mensaje, el slogan de cada día para que durante veinticuatro horas la farsa pueda aparentar visos de seriedad y de proyecto consolidado. Nada de eso, son los chutes de panglossina con los que se instalan en el cuelgue cotidiano. No es fácil mantenerse sin decir nada un día y otro.

ElEconomista

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Julio Anguita: Y los emprendedores seréis como dioses

Julio Anguita
8:25 – 8/11/2013
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Julio Anguita, ex coordinador general de IU. Foto: Archivo.

De un tiempo acá y ante la pavorosa cifra de paro juvenil se ha ido conformando una idea consistente en apelar a la iniciativa juvenil para crear empresas. El llamamiento oficial y el de las grandes corporaciones a los emprendedores jóvenes como camino y solución para su futuro se ha enseñoreado de medios de comunicación, discursos y publicaciones empresariales.

En torno al vocablo se ha ido construyendo una épica en la que el futuro emprendedor es un continuador de las gestas y aventuras de aquellos que en los siglos XV y siguientes surcaron los mares en busca de aventuras, riquezas y vías para el desarrollo comercial.

Hombres y mujeres hechos a sí mismos

Las características de los aspirantes deben circunscribirse a jóvenes con gran necesidad de realización personal para asumir los riesgos de ser autónomos e independientes y que además sean personas que de la nada y sola con el capital de la idea, afronten la epopeya de labrase un futuro.

Estos talentos cumplen lo que en la cultura anglosajona se denomina los self made men u hombres hechos a sí mismos. Este mítico ejemplo, de porcentaje estadístico casi inexistente, se presenta como modelo para la inmensa mayoría de desempleados jóvenes. Ni que decir tiene que la propuesta deriva de una concepción en la que el Estado carece de responsabilidades sobre la economía y sobre el paro.

El modelo obedece a una realidad del capital tan poco heroica como la de externalizar tareas, trabajos y proyectos para que éstos recaigan sobre unos autónomos que no se constituyan en cargas sociales para el empresario. Así el emprendedor-empresario en jefe pastorea a jóvenes adscritos a esta nueva gleba que es convenientemente presentada como moderna, dinámica y sobre todo como el corolario del fin al que los jóvenes emprendedores enajenan tantos derechos: ser miembros de la élite empresarial. Han conseguido proletarizar a estos nuevos y flamantes autónomos los cuales siguen creyendo en que serán como dioses.

ElEconomista

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