Yo trabajo en negro

Un empleado del calzado relata en primera persona las miserias de un sector en el que la economía sumergida está demasiado extendida, según denuncian los sindicatos y confirma la Inspección de Trabajo

elisa g. brotons 22.09.2013 | 12:17

Una imagen de archivo de una empresa de fabricación de calzado en la provincia.
Una imagen de archivo de una empresa de fabricación de calzado en la provincia. jesús cruces

Horarios, sueldos y sobres. Contratos, finiquitos y nóminas firmados en blanco; salas sin relojes para no controlar la duración de los descansos; jornadas de once horas y semanas de seis días; festivos trabajados sin compensación; salarios sin cotizar metidos en un sobre… Son, según este relato, el pan de cada día en el calzado.

Rubén acaba de irse a la calle después de que su empresa se viera obligada a contratarle por una inspección laboral que le pilló trabajando sin dar de alta. Poco tiempo ha pasado para que al final le despidieran. Sumará unos días a su vida laboral, ya de por sí escasa porque acumula muchos años trabajando de esta forma. El nombre es ficticio, pero la historia real, y es uno de los testimonios con los que trabaja la Inspección de Trabajo del Ministerio de Empleo para tratar de desenmarañar la intrincada madeja de la economía sumergida.

El protagonista de esta historia habla en primera persona para este diario pero quiere proteger su intimidad porque de lo contrario entrará en la lista de negra de empleados conflictivos que, asegura, existe entre las empresas del calzado. Presenta papeles, eso sí, muchos papeles archivados, fotocopiados, encuadernados… Hasta fotocopias de sobres de color «kraft» en los que se lee su nombre y el importe que le toca cobrar cada semana. En metálico, claro, y sin figurar en ningún sitio, faltaría más.

«Trabajo como cortador de materias para fabricación de calzado en una máquina de corte automático con una categoría profesional inferior a la mía y unos estudios que no corresponden a los que tengo», introduce, pero ha estado de encargado y de empleado de lo más raso en más de doce empresas y asegura que «en todas o casi todas es igual, en algunos casos porque son unos sinvergüenzas y en otros porque sin serlo la empresa no va bien».

En su última experiencia, «ni la jornada laboral ni el sueldo son como establece la ley, ni acorde a los contratos; la jornada es de 8 a 13.30 con un descanso de veinte minutos y de 15.30 a 21 horas sin descanso; el sábado de 8 a 13 horas. Los festivos que se trabajan los decide el gerente y no se pagan, pero si no vienes a trabajar te dicen que te olvides de venir a cobrar lo que se te debe, y si preguntas por qué no te retribuyen el festivo, te dicen que al no estar dado de alta no te corresponde». Los horarios, además, no los controlan los trabajadores: «No existe reloj alguno y nos prohíben usar el móvil; la duración de la jornada va ligada al encendido y apagado de las luces, por lo que la duración de los descansos y la salida son a veces cuestionables». Cuando le ha tocado el turno de noche, este ex trabajador ha sido encerrado bajo llave de 20.30 a las 7.30 de la mañana, sostiene. En cuanto al sueldo, explica que «la hora se nos viene pagando sobre seis euros, pero menos si estás contratado porque se descuenta la Seguridad Social; no hace falta decir que las horas extra ni se pagan como tal, ni se cotizan, ni se declaran».

Firma
Los documentos, en su empresa (que vende en el mercado nacional y extranjero desde una nave situada en polígono industrial de Elche) se firman a ciegas: «Los contratos son sin fecha de inicio ni de final, al igual que las nóminas cuando estás contratado, que se firman incluso días antes de que cobres, y los finiquitos, que también se firman antes». Eso, en los periodos que hay contrato, porque aunque lo reclames no suele llegar enseguida: «Te dicen que dentro de unos días y al final esos días se convierten en meses, hasta que hay una inspección en una nave cercana y nos dan de alta a todos, pero luego te dan de baja como mínimo dos semanas antes de que acabes de trabajar».

¿Los riesgos laborales? Otro cantar: «Me presentaron un escrito de prevención conforme a una charla que no habíamos recibido, pero yo no he hablado con ningún técnico de prevención, ni charlas, ni análisis médicos, ni protección auditiva, ni mediciones sonoras, ni visión de proyectores en condiciones, ni climatización adecuada, ni mantenimiento de la maquinaria…».

Rubén, que no quiere seguir pasando por el aro, hace público su caso lamentándose por que sus compañeros se resignan y porque hay quien piensa que el malo es él, que se queja. «No somos personas, sino números de operario, y así nos lo hace saber el encargado», sostiene. Ha visto presionar a compañeros para que firmen el alta voluntaria estando ingresados en el hospital, ha visto a compañeros extranjeros que necesitaban el contrato para permanecer en España agotar sus opciones…

Aunque esto no pasa en todas las empresas del calzado ni es su intención estigmatizar al sector, desde el Ministerio de Trabajo confirman que hay un problema estructural con el calzado en la zona y un problema de excesiva tolerancia social. Desde sindicatos como UGT y CCOO consultados por este diario se sorprenden de la pregunta: «¿Representantes sindicales en las empresas de calzado? De eso no hay, y si hay están para aparentar», señalan: «Estar sindicado en el calzado es pena de muerte laboral».

Fuente: http://www.diarioinformacion.com/elche/2013/09/22/trabajo-negro/1417835.html

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