Cuba no es el enemigo

Artículos de Opinión | Lorenzo Gonzalo* | 30-05-2013 |

Decir que Cuba es el enemigo es una gran mentira inventada por Washington para justificar sus ataques al gobierno cubano. Por esto considero que el tema debe ser motivo de perenne atención cuando analizamos el desarrollo y las vicisitudes de Cuba. Considero que es una obligación de todo cubano luchar por erradicarla y sobre todo alertar a los menos informados sobre la historia cubana de los últimos cincuenta años. Esta aberración sólo ha servido para traerle tragedias a la sociedad cubana.

Hemos escuchado muchas veces que, ciertas mentiras de tanto repetirse, se convierten en verdades, pero hay verdades que de callarlas pueden quedar en el olvido.

No nos cansamos de señalar, que la esencia de la problemática cubana es el cuño de “enemigo” que Estados Unidos de Norteamérica le ha estampado a Cuba. Esta es una de esas verdades que no puede ser sepultada.

Las restricciones para viajar a Cuba están sancionadas en base de la Ley de Comercio con el Enemigo, aprobada en 1917 durante la Primera Guerra Mundial.

Esta Ley le otorga al gobierno estadounidense la potestad de prohibir transacciones comerciales en tiempos de guerra.

Alegando preocupación respecto a la seguridad nacional, el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica dispuso un embargo comercial a Cuba en el año 1961 y en el año 1963 el Departamento del Tesoro de este país aprobó un acta llamada Regulaciones para el Control de Activos de Cuba (Cuban Asset Control Regulations). Esta acta codificó los elementos esenciales del embargo económico a Cuba, congelando entre otras cosas, todos los activos que el gobierno cubano poseía en Estados Unidos y prohibiendo cualquier transacción comercial que no estuviese autorizada por el gobierno estadounidense. Al prohibirle a los residentes estadounidenses transacciones con dólares o gastar dólares en la Isla, quedó de facto restringido el derecho de viajar para cualquier persona residente en Estados Unidos.

Esa disposición de 1963 fue profundizada en 1992 cuando se aprobó la Ley para la Democracia en Cuba, también conocida como Ley Helms – Burton, por medio de la cual se prohibió a las compañías extrajeras con intereses económicos en territorio estadounidense, hacer negocios con el Estado cubano.

Sin caer en mayores detalles, lo cual requeriría toda una conferencia al respecto, hacemos esta breve explicación para resaltar que las condiciones de Bloqueo impuestas a la Isla desde 1963 y codificadas de manera inhumana en 1996 por la Ley Helms – Burton, tienen como fundamento la consideración de que Cuba ha sido declarada enemiga de Estados Unidos de Norteamérica, con lo cual entre otras cosas, los servicios de inteligencia estadounidenses se han considerado con derecho para planear y dirigir cientos de agresiones militares y políticas contra el territorio cubano.

Es mi estilo no enjuiciar posición política alguna, por el simple hecho de haberse manifestado con violencia en un momento dado, estimulada en épocas donde la claridad u oscuridad de las circunstancias hayan podido justificarla.

Las insurrecciones en contra de las dictaduras latinoamericanas en la década del sesenta y setenta, la cubana en contra de la dictadura de Batista y la propia confusión derivada de la injerencia estadounidense en el proceso revolucionario cubano en sus comienzos, justificaban aunque no necesariamente legitimaban, la violencia en contra de reales o confusas situaciones imperantes. Aquellas generaciones latinoamericanas que nos tocó vivir en una época donde la violencia política frente a lo que considerábamos injusto era el camino correcto, adornado incluso de cierto romanticismo poético, erramos y triunfamos asumiendo posturas de esa naturaleza. La violencia entonces era parte de la cultura política, al menos, para quienes estábamos culturalizados en ella. La violencia no nace solamente de la educación recibida en la casa o la escuelita de aldea, sino de la cultura formada a través de la historia.

Sin embargo, no enjuiciar actos personales que de alguna manera fueron justificados en su tiempo, no significa renunciar a la crítica de actos presentes, si ellos repiten acciones del pasado cuya práctica terminó en errores y retrasos sociales que aún están por resolverse.

El enfrentamiento de las corrientes políticas que desde diversas posiciones revolucionarias asumieron provisionalmente el vacío de Poder creado por el derrocamiento de la dictadura de Batista en Cuba, donde descollaba por encima de todas el liderazgo personal de Fidel Castri, no resta ni agrega a ninguna de las partes, y sólo sirven para explicar precisamente la dinámica de las insurrecciones con ánimos o propósitos revolucionarios.

La confusión de entonces, surgió pensando que las revoluciones eran algo así como un designio divino y dentro de ellas solamente existía una corriente de pensamiento verdadera, siendo las demás ideas subproductos de las “confusiones ideológicas”. Ese aspecto unidireccional que padecieron los acontecimientos preconizadores de grandes cambios socio políticos, históricamente levantaron escollos, desde Cromwell, antes del Cromwell y en el presente, que han hecho y aún continúan haciendo más difícil, encontrar nuevas vías para implementar una mejor organización política, con brevedad y un mínimo de rozamientos.

Hoy se sabe que no es así y aunque aún no se acepta en muchos círculos de la izquierda y en los fanáticos de derecha, especialmente cuando se detenta el Poder, de hecho se trabaja por superar esas dificultades que solamente sirven para crear limitaciones al pensamiento y a la toma de decisiones.

Dentro de estos avatares el Poder en Cuba se ha dado a la minuciosa tarea de crear espacios de pensamiento y zonas ejecutivas de acción, que en lo posible se despojen de los viejos esquemas, labor que parece fácil pero que al parecer, tiene trabas desconocidas que la dificultan.

El único aspecto negativo que permanece en pie para beneficiar los nuevos esfuerzos, es el Bloqueo estadounidense y la permanente posibilidad de agresión por parte de Estados Unidos de Norteamérica, ya sea esta en lo militar y/o lo económico, pero sobre todo en el orden de la desinformación, la cual tratan de controlar a través de la inmensa cadena de medios internacionales a su disposición.

Como a “río revuelto ganancia de pescadores”, algunos cubanos, cansados quizás, impacientes otros o simplemente oportunistas que quieren aprovecharse de las ventajas que brindan al ocioso el poder vivir sin trabajar, mientras se disfrutan de los beneficios sociales que les ofrece el medio en que el cual viven, han repetido el error de dejarse engatusar por los cantos de sirena que vienen del Norte.

No se trata de juzgar, simplemente de razonar y a la luz de esas realidades, que esas personas u otras a punto de confundirse, asuman actitudes políticas consecuentes con las realidades y busquen nuevas maneras de expresar sus inquietudes, de manera que lejos de entorpecer, ayuden en la labor de organizar las instancias estatales y políticas cubanas.

Cuba no es el enemigo, esa ha sido una imagen virtual creada por oscuros intereses que esconden tanto creencias hegemónicas, como aspiraciones millonarias de grandes corporaciones, especialmente aquellas con sede en Estados Unidos de Norteamérica.

En cambio, dicho país, siempre se ha comportado como tal y obviamente esto significa que algo anda mal en ese matrimonio impuesto por la geografía.

Así lo veo y así lo digo.

Hay muchos que lo ven de igual modo pero no quieren decirlo o no pueden o no se atreven.

*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Fuente: http://martianos.ning.com/profiles/…

Leído desde http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article52603

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